3 técnicas útiles
La terapia conductual ofrece una amplia gama de técnicas, muchas de las cuales se basan en el condicionamiento clásico y operante.
Apoyan y refuerzan formas útiles y positivas de comportarse y son beneficiosas para tratar a niños en diversas situaciones difíciles (Stallard, 2021).
Por ejemplo, la desensibilización sistemática puede ayudar a los jóvenes a enfrentarse a sus miedos, mientras que la prevención de la respuesta y los tratamientos de exposición pueden ayudar a superar los trastornos obsesivo-compulsivos (Stallard, 2021).
A continuación se detallan varias técnicas conductuales (Stallard, 2021).
Desarrollar jerarquías del miedo
El desarrollo de habilidades es vital para ayudar a los niños a manejar situaciones desafiantes y a menudo se facilita mediante un proceso de exposición graduada (Stallard, 2019).
"El proceso de descomponer los retos o miedos implica generar una lista de los pequeños pasos que llevarán al joven hacia su objetivo de superar su miedo o reto" y comprender las situaciones en las que se producen (Stallard, 2021, p. 77).
Por ejemplo, un niño con miedo a las aglomeraciones puede evitar situaciones concurridas como subirse a un tren o ir al cine.
Una vez identificados y comprendidos, el terapeuta puede ayudar al niño a seleccionar un objetivo con el que pueda empezar a trabajar, como quedar con un amigo para jugar. A continuación, el niño evalúa su ansiedad al considerar cada paso o tarea que implica alcanzar su objetivo.
Caminar por la calle en una tranquila mañana de domingo puede suponer sólo una puntuación de 60 sobre 100, mientras que entrar en el parque infantil en hora punta alcanza los 90.
Desarrollar una jerarquía de miedos ayuda al niño (y a sus padres) a centrarse en acciones concretas y a reconocer los éxitos paso a paso (Stallard, 2021).
Exposición graduada
Una vez establecida una jerarquía de miedos, el niño puede pasar a un proceso de exposición graduada, en el que empieza a enfrentarse a sus miedos, aunque de forma gradual (Stallard, 2021).
A través de la exposición lenta y creciente del niño (según un plan acordado entre ellos) a un mayor grado de miedo, aprende lo que puede manejar sin recurrir a la evitación (de situaciones o acontecimientos concretos) ni a confiar en hábitos poco saludables.
Sin embargo, el niño debe tener clara la razón de ser del proceso y por qué enfrentarse a su miedo es beneficioso. El terapeuta ayudará al niño a entenderlo (Stallard, 2021):
- Por qué han estado evitando situaciones y recurriendo a comportamientos repetitivos para controlar su ansiedad
- Cómo la evitación y los hábitos ofrecen alivio a corto plazo, pero no ayudan en última instancia a sobrellevar la situación.
- Cómo afrontar sus miedos es un enfoque diferente que puede ayudarles a recuperar su vida
- Que pueden llevarse consigo sus miedos en lugar de dejar que la ansiedad les impida hacer las cosas que desean.
- Cómo aprender a tolerar los sentimientos desagradables reducirá su ansiedad
Una explicación completa de los motivos ayuda al niño a sentirse menos aprensivo.
Además, cada paso hacia el objetivo elegido debe ser manejable y alcanzable.
El niño puede valorar su ansiedad utilizando una puntuación sobre cien durante y después de la exposición para aumentar su sensación de control y reconocer su disminución cuando permanece en la situación (Stallard, 2021).
Una vez completado el ejercicio de exposición graduada, puede ayudarles a reflexionar sobre lo que han descubierto, celebrar sus logros y fijar su próximo objetivo.
Prevención de respuestas
Los jóvenes que padecen trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) suelen adoptar conductas de seguridad, es decir, hábitos repetitivos y compulsivos para evitar que ocurran cosas malas (Stallard, 2021).
Por ejemplo, la limpieza excesiva (de uno mismo o de los objetos), la comprobación interminable (grifos cerrados, puertas cerradas) o el recuento (realizar acciones un número determinado de veces).
Estas conductas pueden aliviar temporalmente la ansiedad, pero no son duraderas.
El objetivo de la prevención de la respuesta es afrontar el miedo sin adoptar la conducta de seguridad.
La naturaleza de la intervención depende del miedo que experimente el niño. Algunos ejemplos para un niño con TOC podrían ser los siguientes (Stallard, 2021):
- Si temen contaminarse, pídeles que toquen el asiento del váter y retrasa el lavado de manos.
- Si sienten la necesidad de mantener el orden o disponer los objetos para evitar que ocurra algo malo, cambie la secuencia de algo, como los libros o juguetes favoritos.
- Si tienen miedo a un acontecimiento concreto, como que un grifo abierto provoque una inundación, déjelo abierto hasta que se hayan secado las manos.
Una vez más, el niño debe tener una justificación y una comprensión claras de por qué le ayuda el proceso.
Por ejemplo, explicarles que aunque repetir continuamente sus hábitos puede hacerles sentir mejor temporalmente, pueden aprender que no lo necesitan cuando se dan cuenta de sus pensamientos preocupantes.