¿Y si las situaciones que más le provocan son las que más claramente apuntan a lo que necesita?
El cerebro prioriza la familiaridad sobre lo saludable (Young et al., 2006).
Los patrones emocionales pueden repetirse porque el cerebro está intentando resolver algo inacabado (Arntz y Jacob, 2013).
¿Se ha preguntado alguna vez de dónde proceden realmente las pautas de comportamiento profundamente arraigadas?
La terapia de esquemas sugiere que nuestros patrones emocionales recurrentes surgen de experiencias tempranas y repetidas que dan forma a cómo aprendemos a relacionarnos con nosotros mismos, con los demás y con el mundo que nos rodea (Young et al., 2006).
No se trata de culpar a los padres ni de atribuir culpas. Se trata de entender cómo evolucionaron estos patrones en tu vida y por qué siguen apareciendo hoy en día.
Antes de continuar, hemos pensado que te gustaría descargarte gratis nuestras cinco herramientas de psicología positiva. Estos atractivos ejercicios, basados en la ciencia, le ayudarán a enfrentarse eficazmente a circunstancias difíciles y le proporcionarán las herramientas necesarias para mejorar la resiliencia de sus clientes, alumnos o empleados.
Aparte de las necesidades físicas, como la comida y la vivienda, todos tenemos necesidades emocionales básicas que satisfacen las personas que nos rodean, inicialmente nuestros padres o cuidadores. Entre ellas se incluyen:
Seguridad emocional
Conexión y aceptación
Autonomía
Límites saludables
Validación
Libertad para expresar emociones
La interacción entre el temperamento de un niño (personalidad innata) y el grado de satisfacción de sus necesidades crea esquemas: patrones de pensamientos, emociones, creencias y sensaciones corporales que actúan como una lente a través de la cual experimentamos el mundo (Louis et al., 2024).
Cuando las necesidades emocionales básicas se satisfacen sistemáticamente, los niños tienden a desarrollar lo que podríamos llamar esquemas saludables. Son flexibles, equilibrados y solidarios. Por ejemplo, alguien que funciona con un esquema sano puede pensar: "Puedo afrontar los retos y los demás son dignos de confianza".
Pero cuando estas necesidades no se satisfacen repetidamente, se satisfacen de forma inconsistente o se satisfacen de forma distorsionada, se forma un conjunto diferente de patrones: los esquemas desadaptativos tempranos. Son más rígidos, cargados emocionalmente y sesgados hacia las amenazas (Young et al., 2006).
Por ejemplo:
Si la atención y el afecto fueran impredecibles, podrías desarrollar la creencia (esquema) de que la gente se irá.
Si el amor se sintiera condicionado por el rendimiento, podrías creer que sólo eres digno si lo consigues.
Si las emociones no fueran bienvenidas, podrías creer que tus sentimientos no importan.
Es importante señalar que las necesidades insatisfechas no siempre indican abuso, daño evidente o negligencia. A veces pueden surgir de cosas como desajustes emocionales, cuidadores bienintencionados pero no disponibles, o entornos que priorizan los logros sobre la conexión (Louis et al., 2024).
Cómo las necesidades insatisfechas pueden convertirse en patrones de por vida
Cuando las necesidades emocionales no se satisfacen de forma sistemática a una edad temprana, la mente del niño empieza a preguntarse inconscientemente: "¿Qué tengo que creer o hacer para salir adelante?".
Las respuestas se convierten en patrones formados por pensamientos, emociones, recuerdos y reacciones corporales (Young et al., 2006).
Por ejemplo:
Si el amor es inconsistente: "Necesito estar alerta para que no me dejen".
Si la aprobación es condicional: "Tengo que hacerlo todo perfecto".
Si se desestiman las emociones: "No es seguro expresar lo que siento".
Una vez formados, estos patrones de autoconversación negativa pueden influir activamente en la forma de experimentar el mundo y se mantienen a través de tres procesos principales.
Sesgo de confirmación
El cerebro está programado para buscar pruebas que apoyen lo que ya espera (Nickerson, 1998). Por tanto, si cree que la gente siempre se va, es más probable que perciba signos de distancia, interprete la ambigüedad como rechazo y recuerde las situaciones de un modo que confirme esa creencia.
Profecía autocumplida
Con una profecía autocumplida, queremos confirmar lo que creemos, y a menudo actuamos inconscientemente de forma que creamos los resultados que tememos (Merton, 1948). Por ejemplo, si temes que te abandonen, puedes volverte pegajoso. O si crees que la gente no satisface tus necesidades, puede que no pidas lo que necesitas.
Familiaridad
Incluso cuando es doloroso, las narrativas emocionales familiares se sienten más seguras que lo desconocido. Este proceso se conoce como perpetuación de esquemas, lo que significa que nos sentimos atraídos por situaciones o relaciones que recrean dinámicas anteriores porque nos resultan familiares (Arntz y Jacob, 2013).
Puedes pensar en ello como si tu cerebro primitivo dibujara un mapa que te ayudara a navegar por tu entorno en ese momento. Pero cuando el terreno cambia, las expectativas del cerebro no se actualizan automáticamente y sigue esperando que haya peligro aunque no lo haya.
La terapia de esquemas ha agrupado estos patrones en cinco grandes dominios vinculados a diferentes necesidades emocionales insatisfechas (Young et al., 2006). Cada dominio refleja una forma en que la mente intenta sentirse segura, conectada o aceptada en este mundo.
Desconexión y rechazo
Este ámbito se basa en la expectativa de que no se satisfaga la necesidad de seguridad, amor o comprensión. Esto puede deberse a un entorno infantil frío, rechazante, reacio, solitario, impredecible o abusivo.
Puede aparecer como:
Miedo al abandono
Dificultad para confiar en los demás
Sentirse "demasiado" o "insuficiente
Deterioro de la autonomía y el rendimiento
Este ámbito implica dudas sobre su capacidad para desenvolverse de forma independiente, funcionar eficazmente o rendir con éxito.
Esto puede venir de un entorno familiar que mina la confianza del niño o es sobreprotector o enredado.
Puede manifestarse como:
Sentirse incapaz o abrumado por la responsabilidad
Necesidad de seguridad antes de tomar decisiones
Ansiedad ante el fracaso o el mundo exterior
Límites deteriorados
Este ámbito se caracteriza por dificultades con los límites, la autodisciplina o la tolerancia a la frustración. Puede provocar dificultades para respetar los derechos de los demás, cooperar, comprometerse o alcanzar objetivos personales realistas.
Puede provenir de un entorno de cuidado caracterizado por la permisividad, el exceso de indulgencia o un sentido de superioridad. Es posible que el niño no haya tenido una supervisión, dirección u orientación adecuadas.
Puede aparecer como:
Dificultades para seguir adelante
Evitar el malestar
Dificultad para respetar los límites (propios o ajenos)
Otra orientación
Este ámbito implica dar prioridad a las necesidades de los demás a expensas de las propias. El objetivo suele ser obtener amor y aprobación, mantener la conexión o evitar el castigo.
Puede provenir de un entorno temprano en el que la aceptación y el amor eran condicionales, y las necesidades de los niños no eran una prioridad. Los niños tenían que suprimir aspectos importantes de sí mismos para recibir amor, atención y aprobación.
Esto puede aparecer como:
Para complacer a la gente
Reprimir los propios sentimientos
En busca de aprobación para sentirse seguro
Hipervigilancia e inhibición
Este ámbito implica un fuerte enfoque en el control, las reglas o la supresión de las emociones, a menudo a expensas de la felicidad, la expresión o la relajación.
Esto puede provenir de un entorno temprano exigente, punitivo o centrado en las normas, el deber, el perfeccionismo y la evitación de errores. A menudo se hace hincapié en ser cuidadoso en todo momento.
Puede manifestarse como:
Perfeccionismo
Restricción emocional
Búsqueda constante de errores o amenazas
Un replanteamiento compasivo de los patrones emocionales
Estos patrones pueden causar mucho sufrimiento y vergüenza porque pueden hacer que te cuestiones y te ataques a ti mismo con mensajes como: "¿Por qué eres así? ¿Por qué siempre estropeas las cosas? ¿Por qué no puedes ser normal?".
La terapia de esquemas desplaza la pregunta: "¿Qué podría haberme ayudado a sobrevivir este patrón?".
Aunque no siempre lo parezca, estos patrones reflejan la forma que tiene su sistema de protegerle o adaptarse a circunstancias sobre las que tiene poco control, utilizando las limitadas herramientas de que dispone (Young et al., 2006).
Comprender esto te permite relacionarte con estos patrones automáticos con más conciencia y compasión.
Empiece por fijarse en sus patrones personales. Pregúntese:
¿Qué situaciones le resultan desproporcionadamente molestas?
¿Qué miedos aparecen una y otra vez en las relaciones?
¿Cuándo siento que soy demasiado o que no soy suficiente?
¿Qué emociones me cuesta más expresar?
¿En qué papel caigo cuando estoy estresado?
Tus patrones emocionales no son prueba de que te pase algo. Reflejan cómo tu mente aprendió a adaptarse a necesidades insatisfechas.
Incluso cuando los cuidadores se esfuerzan al máximo, no siempre satisfacen suficientemente las necesidades emocionales de los niños. Pero sea cual sea el caso en el que creciste, no hay que culpar a nadie. En lugar de eso, pregúntate: "¿Qué me está mostrando este patrón y qué tengo que hacer ahora?".
La curación empieza por entenderse a uno mismo de forma diferente a través de la lente de la compasión y la conciencia de los patrones que le han dado forma.
¿Puedo tener patrones emocionales negativos aunque mi infancia no haya sido mala?
Sí, los esquemas no siempre tienen que ver con acontecimientos traumáticos o extremos. Suelen desarrollarse a partir de experiencias sutiles pero repetidas en las que no se satisfacen plenamente las necesidades emocionales básicas. Por ejemplo, puede que te hayan querido pero no te hayan comprendido emocionalmente. Este vacío puede seguir influyendo en tus patrones emocionales. Se trata más de lo que falta que de lo que falló.
Si los esquemas están tan arraigados, ¿es posible cambiarlos?
Sí, pero no suele ser una solución rápida. A través de la concienciación, las nuevas experiencias emocionales y la práctica constante de respuestas diferentes, los esquemas pueden cambiar con el tiempo. Puedes hacer gran parte del trabajo por tu cuenta, pero a menudo es más fácil y te ayuda más trabajar tus esquemas con un terapeuta formado en esquemas.
Referencias
Arntz, A., y Jacob, G. (2013). La terapia de esquemas en la práctica: Una guía introductoria al enfoque del modo de esquema. Wiley-Blackwell.
Louis, J. P., Lockwood, G., & Louis, K. M. (2024). A model of core emotional needs and toxic experiences: Their links with schema domains, well-being, and ill-being. Behavioral Sciences, 14(6), 443. https://doi.org/10.3390/bs14060443
Nickerson, R. S. (1998). Sesgo de confirmación: A ubiquitous phenomenon in many guises. Review of General Psychology, 2(2), 175-220. https://doi.org/10.1037/1089-2680.2.2.175
Young, J. E., Klosko, J. S. y Weishaar, M. E. (2006). Schema therapy: A practitioner's guide. Guilford Press.
Sobre el autor
Anna Drescher es redactora y editora especializada en salud mental, con formación en psicología y psicoterapia. Además de su trabajo como escritora y editora, Anna es hipnoterapeuta titulada y profesora de meditación. Cuenta con una amplia experiencia en el sector de la salud mental, en el que ha desempeñado diversas funciones, como el trabajo de apoyo, la gestión de un proyecto de participación y coproducción de los usuarios de los servicios y el trabajo como psicóloga adjunta en el Servicio Nacional de Salud de Inglaterra.