El estrés tóxico es el resultado de una exposición prolongada a la adversidad sin el apoyo adecuado, lo que afecta a la salud física y mental.
Puede provocar problemas a largo plazo, como ansiedad, depresión y trastornos del desarrollo cognitivo, sobre todo en los niños.
Construir relaciones de apoyo y fomentar la resiliencia puede ayudar a mitigar los efectos del estrés tóxico.
¿Qué es exactamente el estrés tóxico y por qué es importante?
El estrés parece ser una característica inevitable de nuestras vidas urgentes, aceleradas y saturadas de tecnología. Puede que estemos familiarizados con el estrés como una reacción que nos prepara para una respuesta breve e intensa de huida o lucha ante una amenaza percibida.
Con moderación, el estrés puede servir de motivación y mejorar nuestro rendimiento y nuestra capacidad de recuperación.
Sin embargo, el estrés tóxico, que podemos entender como la exposición crónica a un estrés grave, tiene efectos perjudiciales tanto para nuestra salud física como mental.
Este artículo explora el concepto de estrés tóxico; identifica sus principales signos, síntomas e impacto tanto en niños como en adultos; y ofrece una selección de mecanismos de afrontamiento basados en la evidencia.
Antes de continuar, hemos pensado que le gustaría descargarse gratis nuestras cinco herramientas de psicología positiva. Estos ejercicios de base científica le proporcionarán a usted y a sus clientes herramientas para gestionar mejor el estrés y encontrar un equilibrio más saludable en su vida.
El estrés es un concepto polifacético que engloba nuestras respuestas fisiológicas y psicológicas a las amenazas o demandas percibidas, denominadas factores estresantes.
A mediados del siglo XX, Hans Selye (1956) popularizó el término "estrés". Selye definió célebremente el estrés como la respuesta inespecífica del organismo a cualquier demanda de cambio. Esta definición subraya el hecho de que una amplia gama de estímulos puede causar estrés.
Fisiológicamente, el estrés implica la activación del eje hipotalámico-hipofisario-suprarrenal y la consiguiente liberación de glucocorticoides, como el cortisol, así como la activación del sistema nervioso simpático, que da lugar a la liberación de catecolaminas como la adrenalina y la noradrenalina (McEwen, 2007).
Estos acontecimientos bioquímicos preparan al organismo para hacer frente a desafíos agudos mediante la respuesta de lucha o huida, que incluye un aumento del ritmo cardíaco, una elevación de la presión arterial y una mayor disponibilidad de energía. Estos acontecimientos son una respuesta adaptativa que canaliza nuestra energía y atención hacia las partes de nuestro cuerpo necesarias para responder eficazmente a una amenaza, como correr, luchar y estar cognitivamente alerta.
Desde el punto de vista psicológico, el estrés puede entenderse a través de la teoría de la valoración cognitiva, propuesta por Lazarus y Folkman (1984).
Según esta teoría, el estrés surge cuando percibimos que una situación supera nuestros recursos de afrontamiento y pone en peligro nuestro bienestar. En otras palabras, el estrés surge cuando sentimos que hay un desequilibrio entre nuestros recursos y las demandas externas.
Esta evaluación subjetiva implica dos procesos clave:
Evaluación primaria, en la que se valora la importancia del factor estresante.
Valoración secundaria, en la que se evalúa nuestra capacidad para manejar o responder al factor estresante.
Existen varios tipos de estrés en función de su duración e intensidad. El estrés agudo se refiere al estrés a corto plazo que suele surgir a raíz de acontecimientos o situaciones específicas, mientras que el estrés crónico denota el estrés a largo plazo que persiste durante un periodo prolongado debido a presiones o adversidades continuas (Lupien et al., 2009).
Además, el estrés puede clasificarse como eustrés, que es positivo y motivador, o distrés, que es negativo y perjudicial (Selye, 1974). Los efectos de estos distintos tipos de estrés son muy variados, influyen tanto en la salud mental como en la física y dependen de las diferencias individuales en cuanto a percepción, estrategias de afrontamiento y disponibilidad de apoyo social (Cohen et al., 2007).
El estrés tóxico es una forma de estrés crónico a largo plazo. Se refiere a la activación extrema y prolongada del sistema de respuesta al estrés del organismo en ausencia de relaciones de apoyo o factores de protección (Shonkoff et al., 2012).
El estrés tóxico puede provocar importantes problemas de salud y trastornos en el desarrollo. También puede ser el resultado de experiencias adversas como el abuso, el abandono, la exposición a la violencia o la negligencia crónica (Shonkoff y Garner, 2012).
Varios investigadores han establecido una conexión entre el estrés crónico y las experiencias infantiles adversas (Anda et al., 2006; Evans y Kim, 2013; Felitti et al., 1998; Repetti et al., 2002; Shonkoff y Garner, 2012). El estrés tóxico también está correlacionado con la pobreza (Kuo, 2001; Santiago et al., 2011).
6 signos y síntomas del estrés tóxico
Reconocer los principales signos y síntomas del estrés tóxico es crucial para una intervención oportuna y eficaz.
Aunque las manifestaciones del estrés tóxico pueden variar considerablemente, algunos indicadores comunes son:
Ansiedad persistente:
Estado crónico de alerta y preocupación desproporcionadas en relación con las amenazas reales (McEwen, 2007).
Trastornos del sueño:
Dificultad para conciliar el sueño, permanecer dormido o experimentar un sueño agitado, a menudo debido a la hiperactivación (Meerlo et al., 2008).
Deterioro cognitivo:
Problemas de memoria, atención y función ejecutiva derivados de cambios en la estructura y función cerebrales inducidos por el estrés (Lupien et al., 2009).
Problemas de salud física:
Mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, síndrome metabólico y disfunción inmunitaria, vinculados a la exposición prolongada a la hormona del estrés (Sapolsky, 2004).
Desregulación emocional:
Sensibilidad aumentada a los estímulos emocionales, cambios de humor frecuentes y dificultad para gestionar las emociones negativas (Davidson et al., 2000).
Cambios de comportamiento:
Aumento de la irritabilidad, la agresividad o el retraimiento de las interacciones sociales, lo que puede afectar a las relaciones personales y profesionales (Felitti et al., 1998).
Si sus clientes experimentan algunos de estos síntomas combinados, sería aconsejable comprobar si pueden estar luchando contra el estrés tóxico.
Descargar 5 herramientas gratuitas de psicología positiva
Empieza a prosperar hoy mismo con 5 herramientas gratuitas basadas en la ciencia de la psicología positiva.
Descargar herramientas
El estrés tóxico en los niños y su efecto en el desarrollo
Los niños son especialmente vulnerables a los efectos del estrés tóxico, que puede interferir en su cerebro, su desarrollo emocional y su bienestar general.
Durante los periodos críticos de crecimiento, la exposición a un estrés grave y crónico puede dañar la formación de circuitos neuronales en regiones críticas para el aprendizaje, la memoria y la regulación emocional (Center on the Developing Child, 2010). Esta alteración puede provocar déficits cognitivos a largo plazo, inestabilidad emocional y un mayor riesgo de trastornos mentales como la depresión y la ansiedad (Anda et al., 2006).
Además, el estrés tóxico puede alterar el funcionamiento del eje hipotalámico-hipofisario-suprarrenal, provocando elevaciones sostenidas de los niveles de cortisol. Estos cambios neuroendocrinos pueden afectar negativamente a múltiples sistemas orgánicos, predisponiendo a los niños a padecer enfermedades crónicas más adelante (Shonkoff y Garner, 2012).
Este vídeo ofrece más información:
Determinantes sociales y conductuales del estrés tóxico
Cómo afecta el estrés tóxico a los adultos: 3 ejemplos prácticos
En los adultos, el estrés tóxico puede manifestarse de diversas formas e influir en el funcionamiento físico y mental. La exposición crónica a factores estresantes sin mecanismos de afrontamiento saludables ni apoyo adecuados puede provocar importantes problemas de salud.
1. Estrés laboral tóxico
El estrés laboral persistente debido a las elevadas exigencias del trabajo, la falta de control y el apoyo inadecuado pueden contribuir al agotamiento, la reducción del rendimiento laboral y problemas de salud como la hipertensión (Ganster y Rosen, 2013).
María siempre había sido una empleada muy dedicada en su empresa. Se enorgullecía de su atención al detalle y de su capacidad para gestionar varios proyectos a la vez. Sin embargo, el año pasado, la empresa contrató a varios clientes de alto nivel, y la presión para obtener resultados extraordinarios aumentó drásticamente.
Al principio, María estaba entusiasmada con los nuevos retos. Creía que el trabajo extra sería un trampolín hacia un ascenso que llevaba tiempo esperando. Pero cuando las semanas se convirtieron en meses, los plazos constantes, las reuniones interminables y la expectativa de estar disponible 24 horas al día, 7 días a la semana empezaron a pasarle factura.
María trabajaba hasta altas horas de la noche, a menudo se llevaba trabajo a casa y consultaba el correo electrónico durante su escaso tiempo libre. Dejó de ir a sus clases semanales de yoga y apenas veía a sus amigos. Preocupada por las tareas pendientes y las próximas presentaciones, su sueño se volvió errático.
Los efectos físicos del estrés crónico empezaron a manifestarse. María empezó a sufrir dolores de cabeza frecuentes, dolor de espalda y una persistente sensación de agotamiento. También notó que enfermaba más a menudo, con resfriados e infecciones leves que parecían prolongarse más de lo habitual. A pesar de sus esfuerzos por mantener una dieta sana, empezó a ganar peso, como consecuencia de una alimentación inducida por el estrés y la falta de ejercicio.
Emocionalmente, María estaba al límite. Se enfadaba con sus compañeros por cuestiones sin importancia y se sentía cada vez más irritable y agobiada. Su entusiasmo habitual por el trabajo disminuía y las tareas que antes la entusiasmaban ahora le parecían cargas insuperables. Empezó a dudar de sus capacidades y tenía una sensación constante de fracaso inminente.
2. Estrés por relaciones tóxicas
Los conflictos continuos o una relación que no ofrece apoyo pueden exacerbar las respuestas al estrés y provocar problemas de salud mental como la ansiedad y la depresión (Kiecolt-Glaser y Newton, 2001).
Dave y Emily llevaban juntos cinco años, pero el último año había aumentado la presión del trabajo y la familia, lo que tensó su relación. Emily se mostraba distante y sus frecuentes discusiones hacían que Dave se sintiera frustrado e impotente. Dave notó que Emily parecía a menudo preocupada y menos comunicativa.
Él trató de olvidarlo, atribuyéndolo a su exigente trabajo. Pero con el paso de los meses, la distancia entre ellos creció. Discutían con más frecuencia, a menudo por asuntos triviales que se convertían en conflictos en toda regla. Dave se sentía cada vez más incapaz de salvar el creciente abismo que los separaba.
El estrés de la relación hizo mella en la salud mental de Dave, dificultándole la concentración en el trabajo. Perdió el apetito, sufría insomnio y ansiedad. Físicamente, sufría cefaleas tensionales, dolores musculares y agotamiento constante. Aislándose de sus amigos, Dave se sentía cada vez más solo.
3. Estrés financiero tóxico
Las dificultades económicas crónicas pueden inducir un estado constante de preocupación e inseguridad, que afecta tanto a la salud física, como el aumento de la presión arterial, como a la salud mental, por ejemplo, la depresión (Santiago et al., 2011).
Chloe siempre había sido cuidadosa con sus finanzas, pero una serie de acontecimientos inesperados pusieron patas arriba su estable vida. En primer lugar, perdió su trabajo debido a una reducción de personal en la empresa. Después, su coche se averió y tuvo que hacer una costosa reparación. Con el aumento de las facturas y la falta de ingresos estables, Chloe se encontró sumida en el estrés financiero.
Al principio, Chloe trató de mantenerse optimista, creyendo que encontraría un nuevo trabajo rápidamente. Pero a medida que las semanas se convertían en meses, sus ahorros disminuían y la presión se intensificaba. La preocupación constante por el dinero empezó a afectarla mentalmente. Le costaba concentrarse en las entrevistas de trabajo; su mente estaba nublada por la ansiedad que le producían las facturas pendientes y las deudas inminentes.
Los patrones de sueño de Chloe se volvieron erráticos. Se quedaba despierta por la noche, mirando al techo, calculando cuánto tiempo podía estirar los fondos que le quedaban. La falta de sueño la dejaba exhausta durante el día y empezó a depender del café para mantenerse alerta. Su estado de ánimo fluctuaba desmesuradamente; se mostraba irritable y de mal genio con amigos y familiares, y a menudo arremetía contra ellos por cuestiones sin importancia.
Físicamente, el estrés se manifestaba de varias maneras. Chloe empezó a sufrir frecuentes dolores de cabeza y problemas digestivos. Su dieta, antes saludable, se deterioró al recurrir a alimentos baratos y procesados para ahorrar dinero. La mala alimentación afectó a sus niveles de energía y a su salud en general.
Estos tres ejemplos muestran cómo el estrés en diferentes ámbitos de la vida puede afectarnos negativamente y cómo el estrés tóxico repercute en nuestros cuerpos y mentes.
6 Factores de riesgo y protección
Comprender los factores que pueden exacerbar o mitigar los efectos del estrés tóxico es esencial para desarrollar intervenciones eficaces. A continuación se enumeran tres factores de riesgo comunes y tres factores de protección.
Factores de riesgo
Experiencias infantiles adversas
La exposición temprana al abuso, la negligencia o la disfunción doméstica puede predisponer a las personas al estrés tóxico (Anda et al., 2006; 2013; Felitti et al., 1998; Repetti et al., 2002; Shonkoff y Garner, 2012).
Desventajas socioeconómicas
El bajo nivel socioeconómico se asocia a una mayor exposición a factores de estrés como la inestabilidad financiera y la falta de acceso a recursos (Evans y Kim, 2013; Kuo, 2001; Santiago et al., 2011).
Falta de apoyo social
La ausencia de una red social de apoyo puede exacerbar los efectos del estrés y aumentar la vulnerabilidad a sus efectos nocivos (Cohen, 2004).
Factores de protección
Relaciones de apoyo
Las relaciones fuertes y positivas pueden amortiguar los efectos del estrés y promover la resiliencia (Repetti et al., 2002).
Mecanismos de afrontamiento saludables
La participación en actividades como el ejercicio físico, la atención plena y las aficiones pueden ayudar a gestionar el estrés de forma eficaz (Salmon, 2001).
Acceso a servicios de salud mental
El acceso oportuno al apoyo psicológico y al asesoramiento puede mitigar los efectos del estrés tóxico (Kazdin y Blase, 2011).
Otros factores de riesgo están relacionados con el agotamiento y nuestros hábitos laborales. Se ha demostrado que trabajar muchas horas con regularidad, la falta de límites entre la vida laboral y personal y la incapacidad para desconectar del trabajo incluso en el tiempo libre aumentan el riesgo de padecer estrés crónico y agotamiento (Schaffner, 2024).
Las actividades de gestión del estrés para niños son importantes porque desempeñan un papel crucial en la promoción de un desarrollo saludable. Contribuyen a mejorar la regulación emocional, el rendimiento académico, las habilidades sociales, la resiliencia y el bienestar general de nuestros hijos.
Ejercicios de atención plena
Enseñar a los niños prácticas sencillas de atención plena, como la respiración profunda o las imágenes guiadas, puede ayudarles a gestionar el estrés al promover la relajación y la conciencia del momento presente (Schonert-Reichl y Roeser, 2016).
Actividad física
Fomentar la actividad física regular, como el deporte o el juego, puede reducir los niveles de estrés y mejorar el bienestar general (Strong et al., 2005).
Expresión creativa
Actividades como dibujar, pintar o tocar instrumentos musicales pueden proporcionar a los niños una salida saludable para sus emociones (Malchiodi, 2013).
Contar cuentos y leer
Compartir historias y leer juntos puede fomentar la conexión emocional y ayudar a los niños a procesar sus experiencias.
Paseos por la naturaleza
Se ha demostrado que pasar tiempo en la naturaleza reduce el estrés y mejora el estado de ánimo, lo que la convierte en una actividad eficaz de gestión del estrés para los niños (Kuo, 2001).
Incorporar actividades de gestión del estrés a la rutina de los niños, como ejercicios de atención plena, actividad física, artes creativas y técnicas de relajación, puede tener efectos positivos duraderos en su desarrollo y calidad de vida.
Este vídeo contiene más sugerencias sobre autocuidado y relajación para niños:
Técnicas de relajación para estudiantes de secundaria
5 hojas de trabajo para afrontar el estrés tóxico
PositivePsychology.com ofrece una variedad de hojas de trabajo diseñadas para ayudar a las personas a hacer frente al estrés tóxico. Estas hojas de trabajo proporcionan actividades estructuradas y estrategias para gestionar el estrés de forma eficaz.
1. Afrontamiento: Factores de estrés y recursos
Descubrir las fuentes de estrés y, a continuación, encontrar los recursos de afrontamiento adecuados es más fácil con esta hoja de trabajo Afrontamiento: factores estresantes y recursos. Ayuda a los clientes a identificar sus principales factores estresantes y a asociarlos con los recursos de afrontamiento pertinentes.
2. Identificar sus recursos contra el estrés
Los clientes pueden aprender a contar con una red personal de apoyo utilizando esta hoja de trabajo: Identifique sus recursos contra el estrés. Ayuda a los clientes a comprender los recursos que pueden movilizar y a los que pueden recurrir en momentos de estrés grave.
3. La hoja de trabajo ABC
La hoja de trabajo ABC se basa en la terapia cognitivo-conductual. Ayuda a los clientes a comprender la relación entre sus pensamientos, emociones y comportamientos para realizar cambios positivos (Beck, 2011).
4. Plan de una hora contra el estrés
El Plan de una hora contra el estrés ofrece un plan de acción estructurado y analítico de 60 minutos para hacer frente a exigencias repentinas y graves. Permite a los clientes establecer una lista jerárquicamente ordenada de tareas, permitiéndoles determinar cuáles requieren atención urgente (D'Zurilla & Goldfried, 1971).
5. Diario de gratitud
Por último, hay muchas investigaciones sobre los efectos beneficiosos de la gratitud. Se ha demostrado que el simple hecho de escribir tres cosas por las que estamos agradecidos cada día aumenta las emociones positivas (Emmons y McCullough, 2003).
17 ejercicios para reducir el estrés y el agotamiento
Ayude a sus clientes a prevenir el agotamiento, a manejar los factores estresantes y a lograr un equilibrio saludable y sostenible entre el trabajo y la vida personal con estos 17 ejercicios de prevención del estrés y el agotamiento [PDF].
Dado que el estrés está tan extendido en la sociedad moderna, disponemos de una amplia gama de artículos que abordan diversos aspectos de la gestión del estrés.
Puede que disfrute leyendo estos artículos adicionales:
Si estás buscando más formas basadas en la ciencia para ayudar a otros a controlar el estrés sin pasar horas investigando y preparando sesiones, echa un vistazo a esta colección de 17 herramientas validadas de control del estrés para profesionales. Utilízalas para ayudar a otros a identificar signos de agotamiento y a crear más equilibrio en sus vidas.
Un mensaje para llevar a casa
El estrés tóxico y prolongado puede tener consecuencias de largo alcance para la salud mental y física de adultos y niños.
Comprender sus causas, síntomas y efectos es crucial para una intervención temprana y un tratamiento eficaz.
Fomentando hábitos saludables y relaciones de apoyo, y practicando con regularidad mecanismos de afrontamiento generativos, podemos mitigar los efectos nocivos del estrés tóxico. Esto nos permite mejorar nuestra resiliencia y bienestar y llevar una vida más plena.
Exposición crónica a factores de estrés graves, como abusos, abandono, exposición a la violencia o dificultades económicas persistentes. Por ejemplo, un niño que crece en un entorno en el que está constantemente expuesto a la violencia o la negligencia puede experimentar un estrés tóxico que puede afectar gravemente a su desarrollo y bienestar.
¿Cómo acabar con el estrés tóxico?
Poner en práctica diversas estrategias de afrontamiento y fomentar relaciones de apoyo. Estas estrategias incluyen:
Construir relaciones fuertes y positivas.
Participar en actividades físicas regulares, prácticas de atención plena y aficiones.
Buscar ayuda profesional de terapeutas o consejeros.
Garantizar un estilo de vida saludable.
Acceso a servicios de salud mental y otros sistemas de apoyo.
¿Cómo revertir los efectos del estrés tóxico?
Revertir los efectos del estrés tóxico implica:
Intervención temprana y apoyo constante.
Enfoques terapéuticos como la TCC y la terapia centrada en el trauma.
Crear un entorno estable y enriquecedor.
Fomentar la resiliencia.
Aplicación de prácticas de autocuidado.
¿Es reversible el estrés tóxico?
Sí, el estrés tóxico es reversible hasta cierto punto. Con las intervenciones y el apoyo adecuados, las personas pueden recuperarse y mejorar su salud física y mental. La intervención temprana es crucial, pero incluso los adultos pueden beneficiarse de terapias y cambios en el estilo de vida dirigidos a mitigar los efectos del estrés tóxico.
¿Puede el estrés tóxico causar daños cerebrales?
Sí, el estrés tóxico puede causar daños cerebrales, sobre todo en los niños, cuyo cerebro aún se está desarrollando. La exposición crónica al estrés tóxico puede alterar la arquitectura del cerebro, especialmente en las regiones críticas para el aprendizaje, la memoria y la regulación emocional. Si no se trata, puede provocar problemas cognitivos, emocionales y de comportamiento a largo plazo. Sin embargo, con la intervención y el apoyo adecuados, es posible reducir estos efectos negativos y promover la salud y la resiliencia del cerebro.
Referencias
Anda, R. F., Felitti, V. J., Bremner, J. D., Walker, J. D., Whitfield, C., Perry, B. D., Dube, S. R. y Giles, W. H. (2006). Los efectos duraderos del abuso y las experiencias adversas relacionadas en la infancia. Archivos Europeos de Psiquiatría y Neurociencia Clínica, 256(3), 174-186. https://doi.org/10.1007%2Fs00406-005-0624-4
Davidson, R. J., Putnam, K. M. y Larson, C. L. (2000). Dysfunction in the neural circuitry of emotion regulation-a possible prelude to violence. Science, 289(5479), 591-594. https://doi.org/10.1126/science.289.5479.591
D'Zurilla, T. J., y Goldfried, M. R. (1971). Resolución de problemas y modificación de conducta. Journal of Abnormal Psychology, 78(1), 107-126. https://psycnet.apa.org/doi/10.1037/h0031360
Emmons, R. A., y McCullough, M. E. (2003). Counting blessings versus burdens: An experimental investigation of gratitude and subjective well-being in daily life. Journal of Personality and Social Psychology, 84(2), 377-389. https://psycnet.apa.org/buy/2003-01140-012
Evans, G. W., y Kim, P. (2013). Pobreza infantil, estrés crónico, autorregulación y afrontamiento. Child Development Perspectives, 7(1), 43-48. https://doi.org/10.1111/cdep.12013
Felitti, V. J., Anda, R. F., Nordenberg, D., Williamson, D. F., Spitz, A. M., Edwards, V., Koss, M. P., & Marks, J. S. (1998). Relationship of childhood abuse and household dysfunction to many of the leading causes of death in adults. American Journal of Preventive Medicine, 14(4), 245-258. http://doi.org/10.1016/s0749-3797(98)00017-8
Ganster, D. C., y Rosen, C. C. (2013). Estrés laboral y salud de los empleados: Una revisión multidisciplinar. Journal of Management, 39(5), 1085-1122. https://doi.org/10.1177/0149206313475815
Kazdin, A. E., y Blase, S. L. (2011). Rebooting psychotherapy research and practice to reduce the burden of mental illness. Perspectives on Psychological Science, 6(1), 21-37. https://doi.org/10.1177/1745691610393527
Kuo, F. E. (2001). Coping with poverty: Impacts of environment and attention in the inner city. Environment and Behavior, 33(1), 5-34. https://doi.org/10.1177/00139160121972846
Lupien, S. J., McEwen, B. S., Gunnar, M. R. y Heim, C. (2009). Efectos del estrés a lo largo de la vida en el cerebro, el comportamiento y la cognición. Nature Reviews Neuroscience, 10(6), 434-445. https://doi.org/10.1038/nrn2639
Malchiodi, C. A. (Ed.). (2013). Terapias expresivas: Historia, teoría y práctica. Guilford Press.
McEwen, B. S. (2007). Fisiología y neurobiología del estrés y la adaptación: Central role of the brain. Physiological Reviews, 87(3), 873-904. https://doi.org/10.1152/physrev.00041.2006
Meerlo, P., Sgoifo, A., & Suchecki, D. (2008). Restricted and disrupted sleep: Effects on autonomic function, neuroendocrine stress systems and stress responsivity. Sleep Medicine Reviews, 12(3), 197-210. https://doi.org/10.1016/j.smrv.2007.07.007
Repetti, R. L., Taylor, S. E., & Seeman, T. E. (2002). Risky families: Family social environments and the mental and physical health of offspring. Psychological Bulletin, 128(2), 330-366. https://psycnet.apa.org/doi/10.1037/0033-2909.128.2.330
Salmon, P. (2001). Efectos del ejercicio físico sobre la ansiedad, la depresión y la sensibilidad al estrés: A unifying theory. Clinical Psychology Review, 21(1), 33-61. https://doi.org/10.1016/S0272-7358(99)00032-X
Santiago, C. D., Wadsworth, M. E., & Stump, J. (2011). Estatus socioeconómico, desventaja del vecindario y estrés relacionado con la pobreza: Efectos prospectivos sobre los síndromes psicológicos entre diversas familias de bajos ingresos. Journal of Economic Psychology, 32(2), 218-230. https://doi.org/10.1016/j.joep.2009.10.008
Sapolsky, R. M. (2004). Por qué las cebras no tienen úlceras: The acclaimed guide to stress, stress-related diseases, and coping. Holt. https://www.amazon.co.za/dp/0805073698/
Schonert-Reichl, K. A., y Roeser, R. W. (2016). Manual de mindfulness en la educación: Integrando la teoría y la investigación en la práctica. Springer. https://www.amazon.co.za/dp/1493974955/
Selye, H. (1956). El estrés de la vida. McGraw-Hill.
Shonkoff, J. P., y Garner, A. S. (2012). Los efectos de por vida de la adversidad en la primera infancia y el estrés tóxico. Pediatrics, 129(1), e232-e246. https://doi.org/10.1542/peds.2011-2663
Strong, W. B., Malina, R. M., Blimkie, C. J., Daniels, S. R., Dishman, R. K., Gutin, B., Hergenroeder, A. C., Must, A., Nixon, P. A., Pivarnik, J. M., Rowland, T., Trost, S., & Trudeau, F. (2005). Evidence based physical activity for school-age youth. The Journal of Pediatrics, 146(6), 732-737. https://doi.org/10.1016/j.jpeds.2005.01.055
Sobre el autor
La doctora Anna K. Schaffner es coach profesional y escritora. Fue profesora de Historia Cultural en la Universidad de Kent. Anna está especializada en ayudar a las personas a superar el agotamiento y el agobio y a redescubrir su pasión y su propósito. Su combinación única de experiencia como escritora y coach refleja su dedicación de toda una vida al arte de la superación personal.