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Estilos positivos de crianza: Un mapa integrador para profesionales

Ideas clave

14 minutos de lectura
  • Los estilos de crianza positiva son patrones flexibles conformados por la calidez, la estructura y el apoyo a la autonomía, en lugar de etiquetas fijas.
  • Los enfoques modernos hacen hincapié en la empatía, pero pueden fallar si carecen de límites coherentes.
  • Los profesionales pueden mejorar los resultados ajustando las dimensiones clave de la crianza con pequeños cambios específicos.

Estilos de crianza positivaHoy en día no faltan recursos para la educación de los padres.

Aunque la cantidad de información puede considerarse un paso positivo en el ámbito de la crianza de los hijos, la explosión de estilos y etiquetas de crianza modernos puede dejar a muchos padres -y a los profesionales que los apoyan- confundidos y abrumados.

Como educadora de padres desde hace mucho tiempo y antigua terapeuta, he trabajado con cientos de familias, observando temas y dinámicas similares entre los padres que buscan ayuda.

Aunque ciertamente no existe un enfoque único para la crianza de los hijos, sabemos que hay comportamientos y enfoques de crianza respaldados por la investigación que tienen más probabilidades de dar lugar a familias y niños sanos y prósperos.

Este artículo sintetiza gran parte de la investigación relacionada con los estilos de crianza positiva, proporcionando a los profesionales un marco claro y herramientas útiles para la toma de decisiones que guíen esta importante labor.

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Por qué los estilos de crianza siguen siendo importantes y por qué a menudo se malinterpretan

A menudo se habla de los estilos de crianza como si fueran identidades fijas (por ejemplo, autoritario, suave, helicóptero), aunque en la vida real rara vez son tan claros y distintos. Los padres suelen recurrir a distintos enfoques en función de sus valores, su historia personal, su etapa vital e incluso su etapa como padres.

En consecuencia, lo que llamamos estilo parental podría describirse más exactamente como un patrón de interacción que cambia dinámicamente con el tiempo.

La variedad de etiquetas y estilos de crianza positiva se ha ampliado notablemente en los últimos tiempos, impulsada por el auge de las redes sociales, las personas influyentes en la crianza y los expertos en crianza con formación profesional.

Hoy en día, muchos padres están muy interesados en ser cuidadores reflexivos y eficaces, como se refleja en el creciente número de libros y recursos sobre crianza positiva.

Aunque términos como "consciente", "autoritario" y "amable" se utilizan con frecuencia, no siempre están claramente definidos o se aplican de forma coherente.

Incluso los padres bienintencionados que conocen bien un determinado estilo de crianza positiva pueden desviarse inadvertidamente de algunos principios básicos relacionados con la aplicación del enfoque y tener dificultades como consecuencia.

Para los profesionales que trabajan con estas familias, la confusión e incoherencia que rodea a estas etiquetas de crianza puede dificultar la comprensión de lo que está ocurriendo en el sistema familiar y la mejor manera de intervenir.

En lugar de dejarse llevar por la última tendencia en crianza, los profesionales necesitan un modelo estable y dimensional -basado en la investigación sobre las mejores prácticas- que les sirva de guía para apoyar eficazmente a los padres en su camino (Darling y Steinberg, 1993; Smetana, 2017).

Un marco práctico para los estilos de crianza positiva: Calidez, estructura y motivación

Estilos de crianzaUn enfoque más útil para entender los estilos de crianza positiva es considerar las dimensiones básicas que conforman las relaciones entre padres e hijos.

Un marco ampliamente utilizado conceptualiza la crianza a partir de dos dimensiones clave: la receptividad (o calidez) y la exigencia (o estructura; Baumrind, 1971; Maccoby y Martin, 1983), lo que da lugar a cuatro estilos de crianza principales.

Estas dimensiones apuntan a algo más que a los comportamientos de los padres; también reflejan los entornos emocionales y conductuales generales en los que se crían los niños.

Las diferentes combinaciones de sintonía emocional, conexión, expectativas, coherencia de las normas y cumplimiento de los límites influyen en la experiencia de los niños a lo largo del tiempo y se han relacionado con diferencias medibles en los resultados sociales, emocionales y académicos (Lamborn et al., 1991; Steinberg, 2001; Pinquart, 2017).

Por ejemplo, la paternidad autoritaria, que se caracteriza por una gran calidez y una estructura clara, se ha asociado a una mayor capacidad de regulación emocional, competencia social y rendimiento académico.

Por el contrario, un estilo más permisivo se ha relacionado con mayores dificultades conductuales y una menor autorregulación (Lamborn et al., 1991; Pinquart, 2017).

Este conocido modelo bidimensional proporciona una base útil, pero para entender por qué ciertos patrones conducen a resultados particulares, recurrimos a la teoría de la autodeterminación (TAD ).

Esta perspectiva complementaria destaca tres factores clave que influyen en la motivación y el desarrollo: autonomía, competencia y relación (Deci y Ryan, 2000; Ryan y Deci, 2017).

Desde la perspectiva de la crianza, la investigación basada en la TDS se ha centrado en los tipos de conductas de cuidado que apoyan o socavan estas necesidades. En este contexto, hay tres dimensiones clave especialmente relevantes:

  1. Apoyo a la autonomía: elección dentro de unos límites, racionalidad, toma de perspectiva
  2. Estructura: previsibilidad, expectativas claras, andamiaje
  3. Control psicológico: culpa, vergüenza o retirada de afecto; socava la autonomía
Estilos de crianza

Para los padres, es fundamental comprender cómo los niños interiorizan las expectativas y desarrollan la autorregulación a través de una orientación clara, una estructura conductual y un sentido de la agencia con apoyo psicológico.

Por ejemplo, el control psicológico -como el uso de la culpa o la vergüenza- se asocia con peores resultados emocionales y motivacionales, mientras que la estructura conductual, cuando se ofrece con calidez, favorece la competencia y la previsibilidad (Barber, 1996; Soenens y Vansteenkiste, 2010).

Algunos padres, por miedo a ser demasiado controladores, tienen dificultades para mantener los límites. Del mismo modo, a veces confunden apoyar la autonomía de sus hijos con ser permisivos.

Esta perspectiva es útil para ayudar a los padres a diferenciar entre prácticas que pueden parecer similares a primera vista, pero que producen resultados muy diferentes.

Esta perspectiva también puede ayudar a los profesionales a educar a los padres sobre estas diferencias para que puedan proporcionar el equilibrio adecuado.

Por ejemplo, si los padres se inclinan por una crianza suave o una crianza consciente, la SDT aclara cómo ambos estilos de crianza positiva pueden ser autoritarios (es decir, cálidos y emocionalmente afinados combinados con una estructura saludable).

5 Estilos de crianza y sus efectos en la vida - Sprouts

Si busca un desglose rápido y visual de cómo se manifiestan los estilos de crianza positiva en la vida real, este breve vídeo ofrece una útil visión general de los patrones clave analizados en este artículo.

Enfoques modernos de crianza: ¿Dónde encajan la crianza suave y la positiva?

Los estilos modernos de crianza positiva tienden a dar mucha importancia a la empatía, la conciencia emocional y la conexión. Estos enfoques pueden considerarse grupos de prácticas y valores.

En lugar de definir cada estilo de crianza positiva de forma rígida, a menudo es más útil para los profesionales considerar cómo se relacionan normalmente con dimensiones clave como la calidez, la estructura y el apoyo a la autonomía, y dónde pueden ser menos eficaces en la práctica (Darling y Steinberg, 1993; Smetana, 2017).

A continuación se ofrecen algunos ejemplos de estilos de crianza positiva populares y su correspondencia con la investigación sobre las mejores prácticas de crianza.

Un mapa práctico

Enfoque Fortalezas Riesgos potenciales
Crianza positiva Gran calidez
Estructura
Refuerzo
Desarrollo de habilidades
Apoyo a la autonomía
Inconsistencia si se debilita el seguimiento
Crianza suave Coaching emocional
Calidez
Sintonización emocional
Validación
Deriva permisiva
Patrón indulgente
Crianza consciente Autoconocimiento de los padres
Regulación de las emociones
Reparación tras un conflicto
Incoherencia de límites

En muchos casos, al menos en teoría, estos enfoques se alinean con altos niveles de receptividad y suelen incluir directrices que apoyan la seguridad física y psicológica. Sin embargo, en la práctica, la distinción entre el apoyo a la autonomía y la permisividad puede ser borrosa o confundida por los padres.

Como resultado, un enfoque elegido con buenas intenciones para construir la conexión y la conciencia emocional puede derivar hacia una baja estructura y/o expectativas poco claras, lo que podríamos llamar deriva permisiva.

En estos casos, no se trata necesariamente de un fracaso de la filosofía en sí, sino de un recordatorio de lo difícil que puede ser poner en práctica un equilibrio saludable de calidez y coherencia, sobre todo para los padres modernos y ocupados.

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Elegir el enfoque adecuado: Reglas prácticas de decisión para profesionales

Los profesionales desempeñan un papel importante no sólo a la hora de evaluar las pautas de crianza únicas en juego, sino también a la hora de determinar qué ajustes tienen más probabilidades de mejorar el clima y el funcionamiento del hogar.

En la práctica, una pregunta útil es: "¿Qué palanca -calor, estructura, apoyo a la autonomía o control conductual- necesita cambiar ahora mismo?".

Las siguientes reglas de decisión pueden ayudarle a pasar de una comprensión conceptual a una intervención más específica y eficaz.

1. Empezar por la seguridad y la estabilidad

Antes de aplicar enfoques que favorezcan más la autonomía, es esencial evaluar primero si el entorno del niño es emocional y físicamente seguro y estable.

  • ¿Existen patrones de coacción, intimidación o inestabilidad?
  • ¿Es capaz el niño de predecir cómo responderán sus cuidadores?

Cuando la seguridad o la estabilidad se ven comprometidas, la prioridad se desplaza hacia el aumento de la estructura y la previsibilidad. En estos casos, introducir más negociación o flexibilidad puede aumentar inadvertidamente la desregulación o la confusión.

2. 2. Adaptar la estructura a la etapa de desarrollo y las necesidades

La capacidad de autorregulación, control de los impulsos y funcionamiento independiente de los niños varía enormemente. Los niños más pequeños y aquellos con déficits de habilidades suelen necesitar más estructura y apoyo externos.

Las expectativas deben estar en consonancia con la preparación para el desarrollo, no sólo con la edad cronológica. Es muy importante que los padres comprendan los matices de la evaluación de la preparación y se ajusten en consecuencia, sin reducir por completo las exigencias.

Cuando vemos que los niños tienen dificultades con las transiciones, las rutinas o el seguimiento, el primer paso más eficaz suele ser aumentar la coherencia, la claridad y el andamiaje. Reducir las exigencias o aumentar la flexibilidad sin estructura puede reforzar la evitación o la desregulación (Grolnick, 2003).

3. Adaptar la autonomía a las necesidades de motivación

Las necesidades de motivación de los niños también varían. Por ejemplo, algunos niños que tienden a ser más ansiosos, perfeccionistas o muy motivados pueden cumplir las expectativas, pero tienen dificultades con la motivación interna y la flexibilidad. Otros pueden tener dificultades con la iniciación o la motivación debido a diferencias en el neurodesarrollo o problemas de aprendizaje.

Los profesionales pueden evaluar:

  • ¿Los niños dependen demasiado de la aprobación o tienen un miedo acentuado a cometer errores?
  • ¿Se desconectan cuando no se les vigila de cerca?
  • ¿Existen problemas subyacentes que pueden parecer problemas de motivación pero que en realidad son déficits de habilidades?

En estos casos, los niños se benefician de que los padres aumenten su apoyo a la autonomía. Por ejemplo, los padres pueden ofrecer más opciones, justificar sus decisiones y animar al niño a resolver problemas.

Aunque estas prácticas aumentan la motivación, es importante que se produzcan junto con la estructura, no en lugar de ella (Deci y Ryan, 2000; Ryan y Deci, 2017).

4. Monitor de control psicológico

Los adultos olvidan a menudo que, incluso cuando las expectativas son adecuadas, los niños reaccionan a cómo se comunican esas expectativas. Es importante evaluar lo siguiente:

  • ¿Se utilizan la culpa, la vergüenza o la presión para influir en el comportamiento?
  • ¿Se siente el niño valorado más allá de su rendimiento?

Reducir el control psicológico, cuando existe, es una prioridad. Es posible que los padres no se den cuenta de que lo están utilizando, o que lo consideren eficaz porque produce conformidad a corto plazo.

Sin embargo, es importante educar a los padres sobre los efectos negativos a largo plazo en la motivación y la seguridad emocional (Barber, 1996; Soenens & Vansteenkiste, 2010).

5. Tenga en cuenta el contexto: La familia, la cultura y la dinámica de la coparentalidad.

Por último, los estilos de crianza positiva están influidos por muchas variables, como los valores culturales, la estructura familiar y el grado de alineación entre los cuidadores en sus conductas parentales.

Aunque hay estudios que respaldan determinadas prácticas de crianza positiva, no podemos olvidar la importancia de la adecuación y no de las recomendaciones de talla única.

  • ¿Cómo se interpretan las expectativas en el contexto cultural familiar?
  • ¿Los cuidadores están alineados o trabajan con objetivos contrapuestos?

Una intervención eficaz requiere evaluar no solo lo que hacen los padres, sino también cómo se entienden esos comportamientos en el entorno del niño (Pinquart y Kauser, 2018; Smetana, 2017).

6. Del conocimiento a la acción: Empezar poco a poco

Cuando los padres buscan ayuda, no es raro que esperen un cambio total lo antes posible. En la práctica, el cambio es más sostenible cuando está bien enfocado y es específico. Los profesionales pueden servir mejor a los padres:

  • Identificar un área principal de ajuste
  • Apoyarles en la aplicación de un cambio consistente en un contexto específico (por ejemplo, la hora de acostarse, los deberes, las transiciones).
  • Seguimiento de la respuesta del niño a lo largo del tiempo

Aunque no es una solución rápida, este proceso iterativo permite a los padres ganar confianza, cambiar gradualmente los patrones de interacción y generalizarlos a otras áreas. En todos los contextos, el objetivo no es adoptar un único estilo de crianza positiva, sino ajustar las dimensiones clave en respuesta a las necesidades del niño.

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Cuando la crianza de los hijos se rompe: patrones comunes de fracaso

Muchos estilos de crianza positiva comienzan con objetivos bienintencionados: apoyar al niño, construir la relación y reducir el conflicto. A menudo, la crianza se vuelve menos eficaz porque se desvía en una dirección determinada.

Mientras que algunos padres luchan por crear un entorno coherente y emocionalmente seguro, muchos de los que se adhieren a la crianza suave, positiva o consciente suelen tener dificultades con elementos clave como la coherencia, la claridad y el seguimiento.

Los siguientes patrones son especialmente comunes y con frecuencia subyacen a preocupaciones etiquetadas como permisividad.

1. Calidez sin seguimiento

Los padres validan los sentimientos pero se esfuerzan por mantener los límites, sobre todo cuando hay angustia. Con el tiempo, los niños aprenden que los límites son flexibles, lo que conduce a una mayor intensidad y resistencia.
→ Cambio: Combina la empatía con límites claros y cúmplelos sistemáticamente.

2. Negociación excesiva y fatiga de decisión

Los límites se discuten o renegocian repetidamente, a menudo en un esfuerzo por ser justos o colaborativos. Esto enseña a los niños que la persistencia puede cambiar los resultados y puede hacer que los padres se sientan agotados.
→ Cambio: Establecer límites una vez y ofrecer opciones estructuradas cuando sea apropiado.

3. Expectativas y consecuencias incoherentes

Las normas y las respuestas varían según la situación o el cuidador. Esta imprevisibilidad a menudo conduce a una mayor puesta a prueba de los límites y a la confusión sobre las expectativas.
→ Cambio: Identifique un pequeño número de normas no negociables y responda de forma coherente.

4. Refuerzo accidental de conductas desafiantes

Los padres ceden tras la escalada o eliminan las exigencias para reducir el conflicto. Aunque es efectivo en el momento, esto puede reforzar los mismos comportamientos que intentan reducir.
→ Cambiar: Planificar las respuestas de antemano y reforzar las conductas deseadas de forma más sistemática que las conductas problemáticas.

Reparar el patrón: Pequeños cambios, cambios significativos

Estos patrones reflejan la dificultad de mantener el equilibrio en la crianza de los hijos en el mundo real. Incluso pequeños ajustes constantes pueden empezar a cambiar el patrón interaccional.

En la práctica, el objetivo no es eliminar la calidez, la flexibilidad o la capacidad de respuesta, sino lograr un mayor equilibrio mediante la reintegración de la estructura y el seguimiento de un modo que favorezca tanto la conexión como la previsibilidad.

Para apoyar este proceso, los profesionales pueden ayudar a los padres a identificar el patrón más destacado y centrarse en un único ajuste cada vez. Las herramientas estructuradas y la reflexión guiada pueden hacer que estos patrones sean más visibles y más fáciles de cambiar en la interacción diaria.

Utilice esta hoja de ejercicios de Patrones comunes de crianza para identificar qué tipo de deriva se produce con más frecuencia. Cuando utilice la hoja de trabajo, elija el patrón que aparezca con más frecuencia. Céntrese en un pequeño cambio y enseñe a los padres a aplicarlo sistemáticamente en una situación concreta.

Cuando los padres no se ponen de acuerdo: Navegar por la discordancia de estilos

Estilos de crianza desigualesEs habitual observar diferencias en los estilos de crianza positiva, tanto en las familias intactas como en los acuerdos de coparentalidad.

En mi trabajo con los padres, a menudo veo a un cuidador que se inclina naturalmente más hacia la calidez y la flexibilidad, mientras que el otro hace hincapié en la estructura, la disciplina y las altas expectativas.

Ninguno de los padres está necesariamente equivocado y, al trabajar con ellos, señalo intencionadamente sus puntos fuertes y cómo pueden utilizarlos en su beneficio como equipo parental.

Destacar sus puntos fuertes suele invitar a la colaboración y disminuye cualquier posible actitud defensiva. La clave, por supuesto, es ayudar a los padres a estar más cerca de estar en la misma página.

Aunque cada enfoque individual suele ser bienintencionado, cuando están crónicamente desalineados, la combinación de estilos de crianza marcadamente diferentes puede crear un patrón de incoherencia difícil de superar para la mayoría de los niños.

Cuando las expectativas difieren de un hogar a otro -o incluso dentro del mismo hogar-, los niños pueden confundirse de forma natural.

También puede conducir a menudo a un aumento de los límites de prueba, dificultad para gestionar las transiciones y, en ciertos casos, el aumento de la conducta de oposición (Pinquart, 2017).

Una vez más, es importante que los padres vean que, en estas situaciones, la alineación es la máxima prioridad, no necesariamente que un estilo de crianza sea correcto o incorrecto.

En la práctica, nuestro objetivo es ayudar a los padres a cambiar la dinámica del péndulo oscilante hacia una alineación mínima viable. Los profesionales pueden ayudar a los padres a centrarse en algunas áreas básicas de acuerdo, como:

  • Prioridades compartidas: Identificar de dos a cinco reglas no negociables
  • Coherencia: Acordar cómo se tratarán los comportamientos clave identificados.
  • Lenguaje compartido: Lo ideal es utilizar un lenguaje similar a la hora de poner límites u ofrecer apoyo.
  • Transiciones: Establecer rutinas de traspaso predecibles según las necesidades

Incluso una alineación parcial en algunas áreas clave puede mejorar significativamente la sensación de seguridad y estabilidad del niño, mejorar la regulación emocional y favorecer un comportamiento coherente en todos los entornos.

El objetivo no es necesariamente resolver todas y cada una de las diferencias en la crianza de los hijos, sino ayudar a las familias a crear más coherencia y previsibilidad a lo largo del tiempo.

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Además de los numerosos recursos sobre crianza que ya hemos enlazado en este artículo, le invitamos a consultar los siguientes artículos y recursos gratuitos que pueden ayudarle en esta labor:

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Un mensaje para llevar a casa

El camino de la paternidad suele ser gratificante, y apoyar a los padres en ese camino puede ser igualmente gratificante.

Con la multitud de estilos de crianza positiva que existen hoy en día, es imperativo que dejemos de lado el ruido y nos centremos en lo que sabemos que conduce a resultados positivos para los niños.

Desde este punto de vista, los profesionales pueden encontrar a los padres justo donde están, independientemente de cómo describan su estilo de crianza positiva, y devolverles a los fundamentos de la calidez, la estructura, el apoyo a la autonomía y la seguridad psicológica. La clave está en dar más importancia a la flexibilidad que a las etiquetas rígidas.

Esperamos que las herramientas aquí proporcionadas le ayuden a orientar estratégicamente a los padres a los que apoya.

Esperamos que haya disfrutado leyendo este artículo. No olvide descargar gratuitamente nuestras cinco herramientas de psicología positiva.

Preguntas más frecuentes

Apoyar la autonomía implica ofrecer opciones, fomentar el pensamiento independiente y explicar el razonamiento que hay detrás de los límites, todo ello dentro de un entorno estructurado. Por el contrario, la crianza permisiva se caracteriza por la falta de límites coherentes o de seguimiento.

La investigación vincula sistemáticamente la crianza autoritaria -un alto grado de calidez combinado con una estructura clara- con resultados positivos en áreas como la regulación emocional, el rendimiento académico y la competencia social (Baumrind, 1971; Steinberg, 2001; Pinquart, 2017).

Sin embargo, la eficacia también depende de factores como el temperamento del niño, la etapa de desarrollo y el contexto cultural. En lugar de centrarse en un único "mejor" estilo, muchos profesionales hacen hincapié en ajustar las dimensiones clave de la crianza a cada niño y situación.

No siempre es necesario un acuerdo total. En su lugar, los padres pueden centrarse en una alineación mínima viable, como acordar un pequeño número de normas básicas, respuestas coherentes a comportamientos clave y un lenguaje compartido para las expectativas. Incluso una coherencia parcial puede mejorar la previsibilidad para el niño y reducir los conflictos en los hogares (Pinquart, 2017).

La crianza suave y la crianza autoritaria hacen hincapié en la calidez y la capacidad de respuesta, pero no siempre se aplican de la misma manera. La crianza autoritaria combina una gran calidez con una estructura y unas expectativas coherentes (Baumrind, 1971; Maccoby y Martin, 1983).

La crianza suave suele hacer hincapié en la sintonía emocional y la validación, pero en la práctica puede variar la coherencia con la que se mantienen los límites. Cuando la estructura y el seguimiento están presentes, la crianza suave se alinea estrechamente con un enfoque autoritario.

  • Barber, B. K. (1996). Parental psychological control: Revisiting a neglected construct. Child Development, 67(6), 3296-3319. https://doi.org/10.2307/1131780
  • Baumrind, D. (1971). Patrones actuales de autoridad parental. Developmental Psychology Monographs, 4(1, Pt. 2), 1-103. https://doi.org/10.1037/h0030372
  • Darling, N., y Steinberg, L. (1993). Parenting style as context: An integrative model. Psychological Bulletin, 113(3), 487-496. https://doi.org/10.1037/0033-2909.113.3.487
  • Deci, E. L., y Ryan, R. M. (2000). El "qué" y el "por qué" de la búsqueda de metas: Human needs and the self-determination of behavior. Psychological Inquiry, 11(4), 227-268. https://doi.org/10.1207/S15327965PLI1104_01
  • Grolnick, W. S. (2003). The psychology of parental control: How well-meant parenting backfires. Lawrence Erlbaum Associates.
  • Lamborn, S. D., Mounts, N. S., Steinberg, L. y Dornbusch, S. M. (1991). Patterns of competence and adjustment among adolescents from authoritative, authoritarian, indulgent, and neglectful families. Child Development, 62(5), 1049-1065. https://doi.org/10.2307/1131151
  • Maccoby, E. E., y Martin, J. A. (1983). Socialización en el contexto de la familia: Parent-child interaction. En P. H. Mussen (Ed.), Handbook of child psychology (pp. 1-101). Wiley.
  • Pinquart, M. (2017). Asociaciones de dimensiones y estilos de crianza con problemas externalizantes de niños y adolescentes: Un meta-análisis actualizado. Developmental Psychology, 53(5), 873-932. https://doi.org/10.1037/dev0000295
  • Pinquart, M., y Kauser, R. (2018). Las asociaciones de los estilos de crianza con los problemas de conducta y el rendimiento académico varían según la cultura? Resultados de un metaanálisis. Cultural Diversity & Ethnic Minority Psychology, 24(1), 75-100. https://doi.org/10.1037/cdp0000149
  • Ryan, R. M., y Deci, E. L. (2017). Teoría de la autodeterminación: Necesidades psicológicas básicas en motivación, desarrollo y bienestar. Guilford Press.
  • Smetana, J. G. (2017). Investigación actual sobre estilos, dimensiones y creencias de crianza. Current Opinion in Psychology, 15, 19-25. https://doi.org/10.1016/j.copsyc.2017.02.012
  • Soenens, B., y Vansteenkiste, M. (2010). Una actualización teórica del concepto de control psicológico parental: Proposing new insights on the basis of self-determination theory. Developmental Review, 30(1), 74-99. https://doi.org/10.1016/j.dr.2009.11.001
  • Steinberg, L. (2001). Sabemos algunas cosas: Parent-adolescent relationships in retrospect and prospect. Journal of Research on Adolescence, 11(1), 1-19. https://doi.org/10.1111/1532-7795.00001

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