La motivación intrínseca es una cualidad muy buscada.
"Quizá ningún otro fenómeno refleje tanto el potencial positivo de la naturaleza humana como la motivación intrínseca, la tendencia inherente a buscar novedades y retos, a ampliar y ejercitar las propias capacidades, a explorar y a aprender" (Ryan & Deci, 2000, p. 3).
Cuando hacemos algo que nos gusta, somos como un motor que no necesita combustible. Para algunos, eso es correr maratones; para otros, resolver rompecabezas matemáticos o el diseño gráfico.
El creciente conocimiento y concienciación sobre la motivación intrínseca es también la razón por la que los motivadores extrínsecos, como los incentivos económicos, han sido percibidos de forma algo menos favorable en los últimos años.
Pero, ¿es la motivación intrínseca tan buena como la pintan? ¿Es cierto que viene determinada exclusivamente por el nacimiento, o podemos moldearla? ¿Y son los motivadores extrínsecos tan perjudiciales para nuestro impulso como parecen?
Este artículo ofrece algunas respuestas a estas preguntas.
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He aquí cuatro ejemplos que facilitan la comprensión de los matices de la motivación extrínseca en el continuo de la autodeterminación.
La respuesta corta es "no".
La opinión de nuestros lectores
Estoy trabajando en un trabajo de investigación sobre el desarrollo de la motivación intrínseca en jóvenes estudiantes, pero estoy profundamente intrigado con sus hallazgos. Lo he leído entero.