Un vistazo a la investigación
Se están llevando a cabo numerosas investigaciones en el ámbito de la compasión. Aumentar el comportamiento compasivo beneficiará al individuo, pero también a la sociedad en su conjunto. Los beneficios de la compasión son de gran alcance. Disponer de la ciencia que respalda este comportamiento es apasionante.
Volver a Darwin
Un brillante análisis (Goetz, Keltner y Simon-Thomas, 2010) descubrió una motivación intrínseca para la compasión en todas las especies. La propia definición de compasión como un estado afectivo definido por un sentimiento subjetivo, en lugar de la compasión como una actitud.
Este análisis también diferenció la empatía de la compasión, dando crédito a la idea de que la compasión se revela en la acción de intentar aliviar el sufrimiento de otro. El análisis evolutivo concluye que las emociones son adaptaciones a las necesidades de supervivencia y reproducción en todas las especies. Esta investigación trató de separar la compasión de las emociones, como el amor, para comprender mejor una necesidad biológica de cooperación.
Darwin había propuesto en La descendencia del hombre y la selección en relación con el sexo que, para la supervivencia final de la especie, la comunidad con los miembros más simpáticos sería la que tendría más probabilidades de prosperar. Esta proposición se ha visto corroborada por observaciones en todas las especies y culturas.
La evolución de la simpatía ha permitido mantener la viabilidad de la reproducción de las especies. Básicamente, el análisis concluye que Darwin no sólo creía que "sólo sobreviven los fuertes", sino que lo más importante es que "sobreviven los más cooperativos".
Considerar la autocompasión
El papel de la autocompasión en el rendimiento académico ha sido un interesante tema de investigación (Neff, Hsieh y Dejitterat, 2005). Centrar la atención de los estudiantes universitarios en la autocompasión en lugar de en la autoestima (como se hacía en décadas pasadas) ha sido un mejor indicador de resiliencia y de un afecto más positivo tras un fracaso académico.
La autocompasión tiene muchos beneficios, como la autoestima, pero con menos inconvenientes (como la tendencia al narcisismo). El profesor Neff también ha empleado la investigación en el campo de la fatiga por compasión para ayudar a los profesionales de la ayuda a superar los sentimientos de agotamiento.
Centros de investigación sobre la compasión
El Centro de Investigación y Educación sobre Compasión y Altruismo de la Universidad de Stanford lleva a cabo un número creciente de investigaciones para comprender mejor las implicaciones de una mayor compasión en la sociedad.
El Dr. James Doty fundó CCARE para comprender y cultivar mejor la compasión y promover el altruismo. La investigación del Dr. Doty, junto con muchos otros en Stanford, ha tratado de descubrir las implicaciones de la compasión en el cerebro y el corazón a través de la investigación en neurociencia, psicología, economía y tradiciones contemplativas.
CCARE ofrece formación para profesores, eventos educativos y programas para difundir estos conocimientos en toda la sociedad.
Fatiga por compasión y trauma
Como ya se ha mencionado, aproximadamente el 40% de los profesores manifiestan fatiga por compasión en su profesión de ayuda. Los profesionales de la salud mental han sido ampliamente investigados, pero la investigación sobre la fatiga por compasión en los educadores es algo limitada. Sin embargo, se han realizado algunos trabajos interesantes que destacan el trauma secundario en el personal escolar (Borntrager et al., 2012; VanBergeijk & Sarmiento, 2006).
Los educadores ven algo más que lectura, escritura y aritmética en sus aulas. Al tener que denunciar un trauma, como exige la ley, muchos sufren un trauma secundario que les provoca un mayor estrés emocional.
El personal de la enseñanza pública corre un riesgo especial de desarrollar síntomas de trauma secundario debido a su mayor exposición y a los altos niveles de empatía y compasión que manifiesta.
Las personas más empáticas probablemente sufrirán mayores niveles de experiencia secundaria del trauma. El cuidado y la comprensión del bienestar emocional de estos educadores es un área que requiere más investigación y mejoras en el cuidado de su bienestar emocional.
Estudios conductuales
El papel de la empatía en la compasión está en la base misma del comportamiento prosocial. Una mejor comprensión de la empatía mejora la capacidad de actuar desde un estado de compasión. Ya en 1902 se realizaron investigaciones sobre la empatía. Aunque no se centraba en los niños, la investigación sobre el prejuicio (Stephan & Finlay, 1999) reveló interesantes hallazgos sobre posibles mejoras en las relaciones intergrupales mediante la mejora de la conciencia empática.
Un emocionante estudio de diseño controlado de la Universidad de Wisconsin-Madison (Flook, Goldberg, Pinger y Davidson, 2015) puso a prueba un programa centrado en la bondad para mejorar el comportamiento prosocial en niños en edad preescolar. Durante 12 semanas, se enseñó a los niños habilidades de autorregulación basadas en la atención plena. Los resultados fueron emocionantes, ya que las habilidades de autorregulación son un firme indicador del éxito a lo largo de la vida.
Los niños del estudio mejoraron sus habilidades interpersonales, aumentaron su comportamiento prosocial y su éxito académico. Esta época maleable de la infancia es un área profunda para mejorar la atención plena y las actividades prosociales. La capacidad de regular la emoción y la atención son indicadores de la preparación escolar.
Las mejoras en esta área para los niños son indicativas de mejoras en el éxito escolar. Cuando estas habilidades se adquieren en la infancia, son predictores de estabilidad financiera, logros educativos y salud en la edad adulta. También en este ámbito de la atención plena se está trabajando más en la aplicación a la diversidad cultural.
Empatía
La empatía se ha estudiado durante mucho tiempo y sigue siendo confusa cuando se mira desde el prisma de la justicia social y el comportamiento moral (Decety y Cowell, 2015). Existe una intersección entre la neurociencia y la psicología y la toma de decisiones morales.
El contagio emocional es una implicación neurobiológica y cognitiva del comportamiento empático afectivo. Para bajarlo un poco de la "ciencia" hay que decir que, a través del cuidado empático parental, los seres humanos aprenden a pensar más en la perspectiva de los demás porque lo han aprendido y reflejan este comportamiento cuando lo presencian. Este artículo analiza la compleja tarea de la cognición y su papel en el comportamiento empático.
La capacidad de evaluar los índices de empatía en los niños se ha desarrollado en varias evaluaciones. Recientemente se ha desarrollado la escala KEDS (Kids Empathic Development Scale).
Otro predictor es el EmQue-CA (Overgaauw, Rieffe, Broekhof, Crone y Güroğlu, 2017). El uso de este cuestionario ha sido validado como un predictor útil en la mejora de la conducta prosocial, lo que resulta en un mejor rendimiento académico también.
La evaluación desentraña los tres componentes de la empatía y permite predecir mejor el comportamiento de acoso, con la posibilidad de corregir el rumbo. Es un trabajo fascinante que desmenuza las complejas acciones de los niños y se centra en las áreas que necesitan mejorar.
Miedo
Una poderosa investigación (Gilbert et al., 2012) reveló un área de descubrimiento muy necesaria en el miedo a la compasión y la felicidad. Cuando los niños carecen del apego a las capacidades empáticas, surgen muchos comportamientos autocríticos que provocan más daños psicológicos y emocionales.
Comprender mejor las vías necesarias para la atención plena y la capacidad de identificar y autodescribir las emociones en uno mismo es una pieza poderosa para entender mejor el cultivo de la empatía.
Agresión
Otra investigación interesante (Zuffianò, Colasante, Buchmann, & Malti, 2018) se realizó en Suiza. El estudio se realizó para comprender mejor el codesarrollo de la simpatía y la agresión en niños de 6 a 12 años.
Se ha descubierto que los niños que tienen un sentido poco desarrollado de la simpatía hacia los demás tienden a provocar mayores niveles de agresión hacia los demás. Esto se observa en comportamientos tanto física como emocionalmente agresivos. Esto apunta al hecho de que el comportamiento intimidatorio se produce cuando los niños no tienen la capacidad cognitiva o empática para comprender mejor la perspectiva de los demás.
¿Qué es el trastorno por déficit de compasión?
El término trastorno por déficit de compasión fue acuñado por una profesora del Wheelock College de Boston llamada Diane Levin (2009). Se utiliza para describir a los niños que actúan sin empatía ni consideración por los demás. La profesora Levin trabaja en el campo del desarrollo de la primera infancia y ha investigado en el área relativa a las alteraciones antisociales del comportamiento.
Los comportamientos que presentan los niños con este trastorno son de tipo violento/intimidatorio. Uno puede imaginarse el trastorno que supone para un grupo la presencia de este tipo de comportamiento. Los niños con este trastorno expresan sus necesidades de forma violenta debido a su incapacidad para empatizar o comunicarse con sus compañeros de forma adecuada y eficaz.
Estas alteraciones se manifiestan en distintas áreas del desarrollo, ya desde el jardín de infancia. Según se informa, últimamente los profesores dedican más tiempo a intentar mantener la seguridad en sus aulas que a enseñar contenidos a sus alumnos. Cuando surgen estas alteraciones del comportamiento antisocial en el aula, todo el grupo de alumnos se ve afectado.
Saber que la empatía se desarrolla en distintas fases durante la primera infancia, ha dado pie a preguntarse por el efecto de la tecnología en este desarrollo. Si un bebé es calmado por sus padres y el niño reacciona a las expresiones faciales, la empatía se desarrolla a través de una interacción humana adecuada.
Cuando se calma a un bebé con un pitido u otra forma de tecnología, el bebé se sobresalta al calmarse, pero la empatía no se desarrolla a través de la interacción social.
Cuando un niño carece de empatía hacia los demás, es probable que también carezca de la capacidad de practicar la autocompasión. Los comportamientos resultantes son violentos y erráticos. Una menor autoeficacia y autoestima afectan aún más al niño y a todos los que le rodean.
La exposición a la tecnología en la primera infancia ha aumentado y los riesgos son de gran alcance. En la actualidad se están llevando a cabo numerosas investigaciones para evaluar los riesgos para el bienestar mental de niños y adultos. Es muy recomendable retrasar lo más posible la exposición a la tecnología y, en su lugar, fomentar una interacción adecuada y supervisada con los iguales.
No existe un gran número de evaluaciones para conocer el nivel de empatía que poseen los niños. La escala Kids Empathic Development Scale (Reid et al., 2013) se creó precisamente con este propósito. Antes de la creación de esta escala, resultaba difícil comprender mejor las mediciones de los elementos de la empatía en los niños.
Comprender que una capacidad empática subdesarrollada da lugar a un comportamiento antisocial, hace que sea vital profundizar en la medición en esta materia. La intervención temprana en este ámbito es clave para construir relaciones interpersonales adecuadas y eficaces.
En la psicología positiva, la conexión efectiva entre los seres humanos es una vía hacia vidas florecientes, por lo que es vital reducir los casos de trastorno por déficit de compasión. En estos casos, trabajar con un profesional capacitado a través de la terapia infantil puede proporcionar un apoyo esencial en la construcción de estas habilidades fundacionales.
Una mirada a la enseñanza de la compasión en la educación
Seguramente estará de acuerdo en que los profesores son algunos de los trabajadores profesionales más compasivos. Son testigos de todo tipo de complicados problemas sociales.
Los niños llegan a sus aulas procedentes de todo tipo de entornos y presentan muchos tipos diferentes de obstáculos y perspectivas.
Con esos obstáculos vienen las necesidades de toda la clase. El principal trabajo de los profesores es mantener sus aulas seguras al tiempo que intentan mejorar el rendimiento académico. Los enfoques familiares conflictivos se convierten en el crisol definitivo para los educadores. Entonces, ¿cómo enseñan los educadores la compasión en un entorno de grupo con niños de todas las clases sociales?
La compasión beneficia a las aulas por contagio. En las aulas con mayores niveles de compasión hay alumnos más amables, felices y sanos. Los estudios demuestran que cuanto más compasivo es el profesor, más fácilmente aprenden los alumnos.
El aumento de los incidentes de violencia y otros comportamientos antisociales en las escuelas ha sido un tema de estudio muy serio para mejorar la educación. Lo que muchos han descubierto es que cuanto antes aprenden los niños la empatía y el comportamiento prosocial adecuado, menores son los incidentes de acoso y comportamiento antisocial en la infancia posterior.
El libro Teaching Compassion: Human Education in Early Childhood, de Mary Renck Jalongo, que forma parte de una serie de libros sobre educación en la primera infancia, expone gran parte de esta investigación.
Una investigación de la Asociación Americana de Psicología de 2013 ha demostrado que los adolescentes están heredando los hábitos de estrés de los adultos. Cuanto mayor es el nivel de estrés, menores son los niveles de dopamina.
Un ser humano en estado de compasión tiene niveles más altos de oxitocina, que a su vez aumenta los niveles de dopamina permitiendo que el sujeto se relaje. Un aula de cooperación frente a un aula de competición probablemente promovería mejores resultados en la atención de sus alumnos.
La opinión de nuestros lectores
Creo que modelar la amabilidad y la compasión es clave para enseñar a los niños a ser amables y compasivos. Este artículo proporciona muchos recursos que se ofrecen en este segmento.
Mis hijos parecen retener mejor la información cuando leemos juntos un libro que enseña y entretiene. Siempre ayuda poder comentarlo después y aplicarlo a su vida diaria. De hecho, acabamos de terminar un libro maravilloso centrado en la compasión y la empatía. Es un libro maravillosamente ilustrado llamado "Mia and Nattie One Great Team!" de Marlene Bell(https://www.marlenembell.com). El libro narra la historia de Mia, que va de excursión a la granja de su abuela y encuentra un corderito recién nacido a la intemperie. Lo cuida hasta que se da cuenta de que tiene las patas más cortas que los demás corderos y un cuerno que sobresale (¡casi como un unicornio!). Mia se siente muy identificada con el corderito porque le cuesta mucho integrarse con los niños de su edad. La llama Nattie y juntas aprenden a trabajar en equipo, compasión y autoestima. Creo que este libro me ha gustado más a mí que a mis hijos. Es un regalo maravilloso y un libro que enseña y entretiene. Espero que sus lectores le echen un vistazo.
Muy bien hecho y fácil de entender para que puedas incorporarlo fácilmente con niños de todas las edades
Gracias por tu comentario Sandy. Estoy totalmente de acuerdo. Todos tenemos un papel que desempeñar en la enseñanza de la compasión a los niños.
Buen artículo. En el escenario actual, enseñar compasión a los niños es extremadamente importante.