La ciencia detrás de la procrastinación
Hay varias teorías que explican la ciencia de la procrastinación. La teoría de la motivación temporal sugiere que la motivación está influenciada por el valor de la tarea y la proximidad a la finalización (Steel et al., 2018). Eso significa que la procrastinación se produce cuando el valor percibido de una tarea es bajo o cuando la distancia percibida hasta su finalización es lejana.
Del mismo modo, la teoría de la expectativa-valor hace hincapié en nuestra creencia en la finalización de la tarea y su importancia percibida como factores de motivación que pueden mitigar o exacerbar la procrastinación (Wigfield, 1994).
Por otra parte, la teoría de la autodeterminación destaca la autonomía, la competencia y la relación como motivadores (Ryan y Deci, 2002). Esto se alinea tanto con la teoría de la gestión de objetivos, que subraya las dificultades para priorizar y gestionar objetivos (Gustavson et al., 2014), como con la teoría del autocontrol de rasgos, que vincula la procrastinación a una regulación débil de los impulsos (de Ridder et al., 2012).
Estas teorías ofrecen información sobre la motivación, el establecimiento de objetivos y la autorregulación para dejar de procrastinar. ¿Qué nos dice la ciencia que hay detrás de estas teorías?
La procrastinación es un fenómeno complejo en el que influyen diversos factores psicológicos, cognitivos y conductuales (Le Bouc & Pessiglione, 2022). Comprender la ciencia que hay detrás de la procrastinación implica examinar estos factores y cómo pueden afectar a la tendencia de las personas a procrastinar. Algunos de los factores asociados con la procrastinación incluyen:
Descuento temporal
El descuento temporal se refiere a nuestra tendencia a priorizar las recompensas inmediatas sobre las futuras (Zhang et al., 2019). Esta tendencia conduce a la procrastinación, ya que las tareas con recompensas lejanas a menudo se posponen en favor de actividades más gratificantes inmediatamente (Le Bouc & Pessiglione, 2022).
Aversión a las tareas
La procrastinación puede tener su origen en emociones negativas asociadas a una tarea, como la ansiedad, el miedo al fracaso o el aburrimiento (Ferrari et al., 1995). Cuando nos enfrentamos a tareas desagradables, podemos procrastinar para evitar estas emociones negativas (Blunt y Pychyl, 2000).
Deterioro de la autorregulación
La procrastinación a menudo implica un fallo de autorregulación o autocontrol (Ramzi & Saed, 2019). Esto significa que el deterioro de la autorregulación puede hacer que su cliente luche para resistir las tentaciones inmediatas, como revisar las redes sociales, y priorizar los objetivos a largo plazo, como completar un proyecto.
Perfeccionismo
Los perfeccionistas son especialmente propensos a la procrastinación porque se exigen demasiado a sí mismos (Ferrari et al., 1995). El miedo al fracaso o a cometer errores puede llevarles a retrasar el inicio o la finalización de tareas.
Regulación de la dopamina
La dopamina, un neurotransmisor asociado a la recompensa y la motivación, desempeña un papel en la procrastinación (Jaffe, 2013). Esta investigación sugiere que los procrastinadores pueden presentar diferencias en la regulación de la dopamina, lo que les dificulta experimentar motivación hasta que la tarea se vuelve urgente.
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