Una perspectiva agéntica de la psicología positiva
Hay muchas obras excelentes en las que Bandura aborda sus puntos de vista sobre la agencia. An Agentic Perspective on Positive Psychology (Bandura, 2008) y su artículo en la Annual Review of Psychology (Bandura, 2001) son dos puntos de partida.
En sus escritos, Bandura cuestiona el pensamiento conductista inicial que adoptaba una visión simplista de la mente y la experiencia humanas. Según este punto de vista, se pensaba que los seres humanos funcionaban como sistemas de entrada-salida, en los que los estímulos externos ejercían sus efectos, dando lugar a una respuesta específica invariable (como una máquina que se enciende cada vez que se pulsa un botón concreto).
Hoy en día, a los psicólogos ni se les ocurriría tratar la experiencia humana de forma tan simplista. Sin embargo, la idea de que los seres humanos están al albur de su entorno y sus circunstancias fue, en un momento dado, el pensamiento dominante.
Gracias al trabajo de Bandura, los psicólogos reconocen ahora que los seres humanos son los agentes de su autodesarrollo, que pueden adaptarse y autorregularse para lograr el futuro que desean (Zimmerman y Schunk, 2003). Pero lograr este cambio de paradigma en el pensamiento ha exigido el desmantelamiento de muchas escuelas de pensamiento existentes.
Por un lado, Bandura critica el enfoque predominantemente negativo y centrado en la patología de la disciplina psicológica. Este enfoque de "modelo de enfermedad" contrasta con el enfoque proautoeficacia de la psicología positiva, en el que los seres humanos pueden ejercer control sobre sus fallos y disfunciones (Bandura, 2008).
Del mismo modo, la agencia y la autoeficacia han dado forma a creencias en torno a otras experiencias clave, como la del optimismo y el realismo. Antes del trabajo de Bandura, los psicólogos no veían el valor del optimismo, especialmente en situaciones en las que las posibilidades de que una persona lograra un resultado deseado eran bajas. Ahora, gracias al trabajo de Bandura, se reconoce que la capacidad de mantener el optimismo frente a las adversidades es clave para el éxito en muchas funciones.
Citando a George Bernard Shaw:
El hombre razonable se adapta al mundo: el irrazonable persiste en tratar de adaptar el mundo a sí mismo. Por tanto, todo progreso depende del hombre irrazonable.
George Bernard Shaw (Goodreads)
Lo inspirador es que cualquiera puede desarrollar la autoeficacia. Es decir, la autoeficacia no es un rasgo que unos tienen y otros no. Más bien, todo el mundo puede actuar y reforzar su autoeficacia, independientemente de su entorno pasado o presente (Schunk y Ertmer, 2000).
4 formas de aumentar la autoeficacia
Bandura pone de manifiesto cuatro formas de desarrollar la autoeficacia a lo largo de toda su investigación.
1. Experiencias de Maestría
Bandura (2008) sostiene que la forma más eficaz de desarrollar la autoeficacia es a través de experiencias de dominio.
No hay mejor manera de empezar a creer en la propia capacidad para tener éxito que fijarse un objetivo, persistir a través de los retos en el camino hacia la consecución del objetivo y disfrutar de los resultados satisfactorios. Una vez que una persona ha hecho esto suficientes veces, llegará a creer que el esfuerzo sostenido y la perseverancia a través de la adversidad servirán de algo al final; la creencia en la propia capacidad para tener éxito crecerá.
Por el contrario, lograr con regularidad un éxito fácil con poco esfuerzo puede llevar a las personas a esperar resultados rápidos, lo que puede provocar que se desanimen fácilmente ante el fracaso (Bandura, 2008).
La importancia de las experiencias de dominio adquiere mayor relevancia cuando las consideramos en el contexto de la crianza de los hijos y las primeras experiencias de desarrollo. Como padre, existe una fuerte tentación de evitar que un niño experimente alguna vez el fracaso (lo que a veces se denomina "crianza con quitanieves").
Sin embargo, un niño que no aprende a superar la decepción y a recurrir a sus recursos internos para superar los obstáculos perderá oportunidades de desarrollar su autoeficacia. En consecuencia, el niño puede quedar mal equipado a la hora de enfrentarse a los retos que le esperan en la edad adulta.
Experimentar el fracaso es importante para poder desarrollar la resiliencia. Esto se consigue tratando cada fracaso como una oportunidad de aprendizaje y una oportunidad para alcanzar la competencia a través de un enfoque diferente.
2. Modelado social
Otra forma en que una persona puede desarrollar su autoeficacia es presenciando demostraciones de competencia por parte de personas similares a ella (Bandura, 2008). En este escenario, la persona que presencia la demostración de competencia percibe aspectos de su propia identidad en el actor. Es decir, el actor puede tener una edad, un origen étnico, una sexualidad o un género similares a los del observador (Bandura, 1997).
El observador, testigo del éxito del actor gracias a sus dedicados esfuerzos, se sentirá inspirado para creer que él también puede alcanzar sus metas.
Cuando consideramos el poder de los modelos para inspirar confianza en uno mismo, podemos empezar a entender la importancia de una representación diversa en los medios de comunicación. En el pasado, uno necesitaba encontrar un modelo en su entorno social inmediato. Ahora, a través de Internet y otros medios digitales, la gente (especialmente los jóvenes) está expuesta a muchos modelos potenciales.
Si estos espectadores nunca ven a nadie como ellos mostrando actos de competencia en los diversos ámbitos de la vida (por ejemplo, hablando en los medios de comunicación, compitiendo en deportes de élite), se les niega la oportunidad de desarrollar la autoeficacia a través de este modelado vicario y pueden ser menos propensos que otras poblaciones a perseguir sus ambiciones.
3. Persuasión social
Cuando a una persona se le dice que tiene lo que hay que tener para triunfar, es más probable que lo consiga. De este modo, la autoeficacia se convierte en una profecía autocumplida (Eden y Zuk, 1995).
Aunque no es tan poderoso como el dominio para reforzar la autoeficacia (Bandura, 2008), que alguien en quien confiamos nos diga que poseemos las capacidades necesarias para alcanzar nuestros objetivos hará más por nosotros que insistir en nuestras deficiencias.
Por lo tanto, un buen mentor puede potenciar la autoeficacia no sólo sirviendo de modelo, sino también como voz de confianza y aliento. También puede ayudar a sus alumnos a reconocer las oportunidades en las que pueden demostrar su competencia (sin sentirse abrumados) y persuadirles para que se lancen al ruedo.
Otros trabajos (más allá de los de Bandura) han investigado incluso el papel de la autoconversación para reforzar la autoeficacia y mejorar el rendimiento. Por ejemplo, en un estudio se descubrió que los tenistas que se daban a sí mismos una charla motivadora antes de practicar un swing concreto rendían significativamente más que un grupo que no se la daba (Hatzigeorgiadis, Zourbanos, Goltsios y Theodorakis, 2008).
Este hallazgo sugiere que podemos persuadirnos verbalmente para creer en nuestras capacidades y reforzar nuestra autoeficacia.
4. Estados de la fisiología
Por último, nuestras emociones, estados de ánimo y estados físicos influyen en cómo juzgamos nuestra autoeficacia (Kavanagh & Bower, 1985).
Según Bandura (2008), es más difícil sentirnos seguros de nuestra capacidad para tener éxito cuando sentimos cansancio y un estado de ánimo bajo. Esto es especialmente cierto si percibimos estos estados emocionales y fisiológicos como indicativos de nuestra incompetencia, vulnerabilidad o incapacidad para lograr un objetivo.
La introspección y la educación pueden evitar que estos estados físicos se interpreten negativamente. Por ejemplo, cuando se experimenta un fracaso personal o laboral, se puede practicar la autocompasión.
A niveles crónicos, el bajo estado de ánimo puede tener un efecto debilitador sobre la autoeficacia y la consecución de objetivos, ya que es probable que las personas con un estado de ánimo crónicamente bajo abandonen antes sus objetivos y se muestren reacias incluso a proponérselos (Bandura, 2008).
De hecho, se ha demostrado que, aunque las personas que sufren depresión siguen teniendo objetivos, tienen creencias más pesimistas sobre su capacidad para alcanzarlos con éxito y perciben que tienen menos control sobre los resultados de los objetivos (Dickson, Moberly y Kinderman, 2011).
En resumen, cambiar las interpretaciones negativas erróneas de los estados físicos y afectivos es clave para construir la autoeficacia (Bandura, 2008).
La escala de autoeficacia de la fuerza es una herramienta que puede ayudar a desarrollar la perspicacia y la introspección, y aliviar la necesidad de juzgarnos con demasiada dureza cuando cometemos errores.
La opinión de nuestros lectores
¿puede la autoeficacia moderar la relación entre el apoyo social y el comportamiento de liderazgo?
¿cuál es la mejor herramienta para medir la autoeficacia?
¿se puede enseñar la autoeficacia? Creo que sí, ¿hay alguna intervención bien establecida para enseñarla?
Hola Jane,
En cuanto a la segunda pregunta, la autoeficacia puede enseñarse. De hecho, Bandura sostiene que hay cuatro factores que impulsan la autoeficacia, uno de los cuales son las experiencias de dominio (es decir, la práctica y la experiencia con la conducta en cuestión). Las intervenciones (y la medida más adecuada) para la autoeficacia dependen de la conducta específica o del tipo de rendimiento que te interese, pero las experiencias de dominio tienden a ser transversales a todas ellas 🙂.
En cuanto a su primera pregunta, quizá necesite un poco más de información antes de poder aconsejarle. ¿Qué tipos específicos de comportamiento de liderazgo le interesan y qué tipo de apoyo social está buscando (por ejemplo, el que proviene del líder, de un subordinado, etc.)?
- Nicole | Community Manager
Me preguntaba cuándo se publicó esto originalmente. A efectos de citación.
Hola Rasheed,
El post original se publicó el 28 de Jul de 2016 🙂 .
- Nicole | Community Manager