Cómo mejorar la autoeficacia: 4 maneras basadas en la ciencia

Ideas clave

14 minutos de lectura
  • La autoeficacia puede mejorarse a través de las experiencias de dominio, que consisten en abordar y superar con éxito tareas desafiantes para aumentar la confianza en uno mismo.
  • Observar a otros completar tareas con éxito (experiencias vicarias) puede reforzar la creencia en las propias capacidades y potencial.
  • La retroalimentación y el estímulo positivos apoyan la autoeficacia reforzando la capacidad y fomentando la perseverancia ante los contratiempos.

""La autoeficacia es la confianza que tenemos en nuestras capacidades y competencias.

Muchos años y miles de estudios han demostrado la importancia de esta creencia para ayudarnos a alcanzar nuestros objetivos.

Esto sigue siendo cierto tanto si estamos planificando una trayectoria profesional totalmente nueva como si estamos determinando las probabilidades de que se nos queme la cena en el fogón.

Entonces, ¿cómo desarrollamos esta creencia central en nuestras capacidades?

En este artículo, le guiaremos a través de las cuatro fuentes clave de la autoeficacia y le proporcionaremos una serie de estrategias para aumentar su autoeficacia o la de los demás en diferentes facetas de la vida.

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Cómo se desarrolla la autoeficacia

La autoeficacia se define como...

"... la creencia de un individuo en su capacidad para ejecutar los comportamientos necesarios para producir logros específicos de rendimiento".

Carey y Forsyth (2009)

Bandura (1977) reconoció cuatro fuentes destacadas de autoeficacia y afirmó que es por la interacción de estos factores que desarrollamos una creencia o incredulidad significativa en nuestras capacidades.

1. Experiencias de Maestría

Entre las cuatro fuentes de autoeficacia, Bandura identificó las experiencias de dominio como el motor más poderoso de la autoeficacia (1977).

Las experiencias de maestría son las que obtenemos al asumir nuevos retos y tener éxito (Akhtar, 2008). Por ejemplo, una persona que no se considere muy hábil cocinando puede aumentar su autoeficacia en este ámbito cocinando con éxito diferentes platos durante varias noches.

Según Smith (2002), hay dos razones por las que las experiencias de dominio pueden tener los mayores beneficios para la autoeficacia.

En primer lugar, las experiencias de maestría se basan en la experiencia personal directa y no en relatos de segunda mano. Por lo tanto, al basarnos en esta evidencia directa de nuestro rendimiento en el pasado, somos capaces de inferir nuestras capacidades en el futuro.

En segundo lugar, las experiencias de dominio nos permiten observar vínculos directos entre una inversión de esfuerzo y un rendimiento satisfactorio, aumentando así los juicios de expectativa sobre nuestra capacidad para rendir bien en situaciones concretas (Vroom, 1964).

2. Experiencias vicarias

La segunda fuente de autoeficacia son las experiencias vicarias. Bandura (1977) argumentó que cuando observamos a otros teniendo éxito (o fracasando) en actividades, podemos estimar nuestra propia probabilidad de éxito o fracaso al realizar actividades similares basándonos en la similitud o diferencia que percibimos entre nosotros y la persona que estamos observando (Wood & Bandura, 1989).

Para ilustrarlo, imaginemos a un joven que observa en la televisión a un hombre de edad similar levantando enormes mancuernas. Dado que el hombre de la televisión tiene una edad parecida a la suya, el espectador podría esperar razonablemente que él también podría levantar mancuernas de un peso similar, lo que le motivaría a esforzarse más en el gimnasio.

Por otra parte, es más probable que un hombre de ochenta años que observa al levantador de pesas perciba una mayor discrepancia entre él y el levantador. Por lo tanto, es menos probable que observar al levantador de pesas aumente su autoeficacia sobre su capacidad para levantar pesas que en el caso de un hombre más joven.

3. Persuasión verbal

La siguiente es la persuasión verbal. Según (Wood & Bandura, 1989):

"... si las personas reciben un estímulo realista, es más probable que se esfuercen más y alcancen el éxito que si se sienten atribuladas por las dudas sobre sí mismas".

Wood & Bandura, 1989 (p. 365)

En resumen, unas palabras de ánimo rara vez vienen mal.

Para ilustrarlo, imaginemos a un vocalista que está a punto de coger el micrófono pero se siente nervioso. Si su amiga le recordara todo lo que ha practicado últimamente y lo bien que suena cada vez que canta, es probable que su autoeficacia aumentara y se sintiera menos nerviosa.

4. Excitación fisiológica

La última fuente de autoeficacia es la excitación fisiológica, también conocida como excitación afectiva o emocional. Este último impulsor reconoce la asociación entre la fatiga o el cansancio y la falta de capacidad de rendimiento (Bandura, 1986).

Del mismo modo, los estados emocionales desagradables como el miedo, la ansiedad y la depresión pueden tener el efecto global de hacernos sentir menos competentes en general, filtrándose así para afectar a nuestros juicios de autoeficacia más específicos en situaciones particulares (Conger y Kanungo, 1988).

Por ejemplo, basándonos en un ejemplo de investigación (Jones, Mace, Bray, MacRae y Stockbridge, 2002), imaginemos a un escalador novato que se dispone a escalar un acantilado. Es probable que un escalador que experimente más estrés fisiológico (por ejemplo, cansancio, tensión) crea menos en su capacidad para ejecutar la técnica de escalada correcta que un escalador que no experimente estrés fisiológico.

En general, a veces se argumenta que la excitación fisiológica es el motor menos potente de la autoeficacia (Chowdhury, Endres y Lanis, 2002), dado que normalmente sólo está relacionada de forma distal con nuestra capacidad de rendimiento. Por ejemplo, el hecho de que estemos o no más cansados de lo normal no debería tener un impacto tan significativo en nuestra creencia sobre si podemos escribir una redacción de 1.000 palabras como lo tienen nuestras experiencias previas de escritura.

¿Qué es la baja autoeficacia?

Más arriba hemos definido la autoeficacia como la creencia de una persona en su capacidad para ejecutar conductas y alcanzar un determinado nivel de rendimiento (Carey y Forsyth, 2009).

Por lo tanto, quienes muestran una alta autoeficacia suelen tener creencias optimistas sobre su capacidad para afrontar el estrés, resistir las tentaciones y persistir ante los retos.

Por el contrario, las personas con baja autoeficacia serán más pesimistas sobre su capacidad para tolerar el estrés, abandonarán sus objetivos más rápidamente y recurrirán a estrategias de afrontamiento menos adaptativas cuando experimenten estrés (Bandura, 1997).

Como consecuencia, las personas con baja autoeficacia son más propensas a evitar los retos. También son vulnerables a las profecías autocumplidas de fracaso e indefensión aprendida (Margolis y McCabe, 2006).

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3 ejemplos de baja autoeficacia en la investigación

Se ha demostrado que la autoeficacia es un factor determinante del bienestar y el funcionamiento eficaz en una serie de ámbitos.

Para ilustrarlo, veamos tres ejemplos de baja autoeficacia y sus correlatos en la investigación.

1. Baja autoeficacia y depresión

Los hallazgos han demostrado que una baja autoeficacia puede predecir síntomas de depresión en determinadas poblaciones que padecen enfermedades. Un estudio publicado en Annals of Behavioral Medicine (Shnek et al., 1997) analizó el impacto de la autoeficacia y la indefensión aprendida en personas con lesiones cerebrales y medulares.

Al examinar una amplia muestra de pacientes con esclerosis múltiple, los investigadores descubrieron que la baja autoeficacia era un potente indicador de depresión e impotencia entre los pacientes con disfunciones del sistema nervioso.

Además, el estudio indicaba que las distorsiones cognitivas de las personas con baja autoeficacia contribuían indirectamente a sus síntomas depresivos y llevaban a un deterioro de la percepción de uno mismo y del entorno.

2. Baja autoeficacia y tratamiento del dolor

Otro estudio ha demostrado que una baja autoeficacia puede frustrar los efectos previstos de las intervenciones médicas. Por ejemplo, un estudio de Holman y Lorig (1992) evaluó los efectos de las diferencias individuales en la eficacia de un programa de intervención para el tratamiento del dolor destinado a ayudar a pacientes con artritis y afecciones relacionadas.

Su investigación reveló que los pacientes que puntuaban bajo en índices de autoeficacia general mostraron menos mejoras durante el programa. En cambio, los que mostraban una alta autoeficacia mostraron una reducción significativa del dolor al final del programa.

Los investigadores creen que estas diferencias podrían atribuirse, en parte, a la creencia de los participantes en su capacidad para llevar a cabo con éxito los comportamientos implicados en la intervención, lo que ilustra la importancia de la autoeficacia para la curación.

3. Baja autoeficacia y desarrollo profesional

Por último, se ha demostrado que la baja autoeficacia influye en la trayectoria profesional de las mujeres.

En un detallado trabajo de construcción teórica, los académicos Hackett y Betz (1981) sostienen que, como consecuencia de la socialización, es probable que las mujeres posean menos autoeficacia que los hombres a la hora de darse cuenta de sus capacidades en sus carreras. Esto se debe a que las mujeres tienen menos acceso a las cuatro fuentes de información sobre autoeficacia descritas anteriormente cuando se trata de sus carreras profesionales.

Por ejemplo, es más probable que las mujeres hayan estado expuestas a modelos femeninos en roles domésticos que en carreras profesionales. Por lo tanto, esto proporciona una fuente limitada de información sobre la autoeficacia en forma de modelado vicario (Hackett y Betz, 1981).

4 formas de aumentar la autoeficacia

EjercicioVeamos ahora cuatro estrategias que pueden utilizarse para aumentar la autoeficacia.

1. Salir de la zona de confort

A menudo se nos anima a salir de nuestra zona de confort, y por una buena razón.

Salir de la zona de confort implica ensayo y error, aprendizaje y la oportunidad de emprender actividades nuevas y significativas. Aunque salir de nuestra zona de confort puede asustarnos al principio, la ventaja es que cuanto más éxito experimentamos al aventurarnos más allá de nuestra zona de confort, más podemos aumentar nuestra autoeficacia.

Del mismo modo, incluso cuando fracasamos, recuperarnos del fracaso nos brinda la oportunidad de aumentar nuestra resiliencia.

Aquí tienes algunas ideas sencillas para salir de tu zona de confort y entrar en tu zona de crecimiento:

  • Tome una clase de un día sobre una habilidad que nunca haya probado.
  • Conozca a alguien nuevo en una cita rápida o en un acto social.
  • Pruebe un apoyo social o empiece a entrenarse para un evento (por ejemplo, una carrera popular).
  • Vaya a algún lugar de su ciudad del que haya oído hablar pero al que nunca haya ido.

2. Establecer objetivos SMART

Se argumenta que el establecimiento eficaz de objetivos aumenta la autoeficacia en diversas áreas, como la interpretación del lenguaje (Bates, 2016), el cambio de comportamiento relacionado con la salud (Bailey, 2017) y el rendimiento laboral (Weintraub, Cassell y DePatie, en prensa).

Por lo tanto, es una buena idea construir y mantener la autoeficacia estableciendo objetivos razonables que abordamos de uno en uno. Del mismo modo, puede ser útil dividir los grandes objetivos en subobjetivos más pequeños y manejables. Un buen marco de fijación de objetivos puede ayudar en este sentido.

3. Una visión más amplia

Una de las cualidades más significativas de las personas con alta autoeficacia es el poder de mirar más allá de las pérdidas a corto plazo y no dejar que rompan su autoconfianza. Tenemos metas más altas que alcanzar, y ceñirnos a esta perspectiva nos ayuda a mantener una alta autoeficacia. La autoeficacia nos permite ordenar nuestras prioridades, hacer mejores planes y centrarnos en ellos con mayor eficacia.

4. Reformular los obstáculos

Los obstáculos son una parte natural de la superación de nuestras zonas de confort y de la superación de los retos. Por lo tanto, es importante pensar en los obstáculos de una manera constructiva que no corra el riesgo de socavar nuestra autoeficacia.

He aquí algunas ideas de ayuda:

  • Establezca intenciones de aplicación creando un plan si-entonces. Es decir, pregúntese antes de perseguir un objetivo qué retos puede esperar razonablemente que surjan durante la persecución del objetivo. A continuación, decida qué medidas tomará en respuesta a esos retos (Gollwitzer y Brandstätter, 1997).
  • Piense en los obstáculos de forma lúdica, como si fueran una prueba (por ejemplo, del universo): esto es lo que hacían los estoicos hace muchos años y siguen haciendo hoy en día. Al responder a estas "pruebas", intenta (a) idear sistemáticamente la solución más eficaz para el obstáculo y (b) mantener la calma emocional mientras pones en marcha tu solución (Irvine, 2019).
  • Reflexione sobre los obstáculos difíciles que ha superado en el pasado. De este modo, traerá a su mente las experiencias de superación del pasado, lo que le ayudará a aumentar su autoeficacia en el presente.
Por qué es importante la autoeficacia - Mamie Morrow

Cómo promover mejor la autoeficacia en la educación

Si se busca investigación sobre la autoeficacia, se encontrarán muchos estudios que exploran las aplicaciones del tema en el aula. Esto se debe a que se ha demostrado que la autoeficacia es un determinante crucial del éxito académico en una amplia variedad de asignaturas estudiadas tanto por niños como por adultos (Multon, Brown y Lent, 1991).

En la relación entre autoeficacia y rendimiento académico es fundamental el papel de la persistencia. Es decir, los estudiantes que poseen una mayor autoeficacia académica serán más propensos a invertir un esfuerzo continuado en sus estudios, incluso cuando les resulten difíciles, lo que les ayudará a obtener mejores resultados académicos.

Por este motivo, muchos planes de estudios de primaria incluyen componentes destinados a aumentar la autoeficacia de los alumnos. Al hacerlo, ayudan a estos alumnos a convertirse en aprendices permanentes que confían en que pueden alcanzar sus objetivos académicos y perseverar ante los retos.

Veamos ahora cinco estrategias respaldadas por la investigación para aumentar la autoeficacia de los alumnos en el aula.

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1. Aulas invertidas y enfoques de aprendizaje colaborativo

Varios estudios han demostrado que los métodos de enseñanza caracterizados por un enfoque interactivo y colaborativo hacen que los estudiantes muestren una mayor autoeficacia que aquellos que aprenden mediante enfoques más tradicionales, como las clases magistrales (Ibrahim y Callaway, 2014).

En concreto, un estudio reveló que las estrategias de enseñanza "alternativas", como las tareas de resolución de problemas conceptuales, producían un mayor aumento de la autoeficacia que los debates y las conferencias (Fencl y Scheel, 2005).

2. Persuasión verbal

Ya hemos explorado la importancia de la persuasión verbal como fuente potencial de información sobre nuestras capacidades. Por lo tanto, cuando los padres y los profesores comunican que creen en la capacidad de una persona para alcanzar sus objetivos académicos, es probable que aumente su autoeficacia. Esto es especialmente cierto en el caso de los niños, que tienden a creer las palabras de los adultos de confianza en sus vidas.

He aquí formas sencillas de que padres y profesores convenzan a los jóvenes estudiantes de sus capacidades (adaptado de Siegle & McCoach, 2007):

  • Ofrezca palabras de ánimo. Por ejemplo, "Puedes hacerlo", "Eres lo bastante inteligente" y "Confío en ti".
  • Conciencie a los jóvenes estudiantes de sus puntos fuertes y hágales saber cómo aplicarlos eficazmente a sus actividades actuales. Por ejemplo, un profesor puede informar a un niño de lo bien que le ha ido en un reciente examen de vocabulario y, a continuación, hacerle saber lo valiosas que pueden ser esas habilidades en una próxima tarea de redacción de un cuento.
  • Asimismo, llame la atención de los alumnos sobre su crecimiento y lo mucho que han mejorado con el tiempo. De este modo, reforzará la creencia general del alumno en su capacidad de aprender, no sólo su autoeficacia en relación con una materia específica.
  • Elogie a los estudiantes por su esfuerzo, no sólo por sus éxitos. Hágales saber que puede ver lo mucho que se han esforzado y que deberían estar orgullosos de su persistencia.

3. Adapte su enseñanza

En la medida de lo posible, permitir que los estudiantes aprovechen sus puntos fuertes y trabajen para alcanzar objetivos acordes con su nivel de capacidad les ayudará a mantenerse motivados.

A continuación se ofrecen algunas sugerencias:

  • Enseñe a los estudiantes a utilizar marcos de fijación de objetivos (por ejemplo, los objetivos SMART) para dividir los objetivos grandes en objetivos más pequeños del tamaño que les convenga.
  • Crear una seguridad psicológica que permita a los estudiantes hablar abiertamente de los retos a los que se enfrentan.
  • Evite hacer comparaciones entre los alumnos y sus capacidades. En su lugar, señale las diferencias entre los logros presentes y pasados de un mismo alumno, destacando así su mejora a lo largo del tiempo.
  • En la medida de lo posible, permita que los alumnos establezcan objetivos en función de sus capacidades individuales. Por ejemplo, ponga a disposición de sus alumnos una serie de libros con distintos niveles de lectura y permítales leer al nivel que más les convenga.

4. Modelado vicario

Volviendo a nuestras cuatro fuentes de autoeficacia, asegúrese de que sus estudiantes tienen acceso a modelos académicos que puedan inspirarles.

Un estudio longitudinal ha demostrado que los jóvenes que tienen acceso a un modelo de conducta de su misma raza y sexo obtienen mejores resultados académicos hasta 24 meses después de la evaluación inicial. También afirman tener objetivos más orientados al logro, disfrutar más de las actividades relacionadas con el logro y pensar más en su futuro (Zirkel, 2002).

Esta comprensión fundamental de la importancia de los modelos de conducta subyace en muchos programas escolares de tutoría destinados a apoyar a los estudiantes con dificultades de aprendizaje o procedentes de entornos socioeconómicos bajos.

Otra opción para apoyar la autoeficacia a través del modelado vicario es la tutoría entre iguales, que se argumenta que beneficia los resultados de aprendizaje entre los niños con problemas de aprendizaje (Steiner, s.f.). Esto puede implicar emparejar a los estudiantes en función de su sexo, grupos culturales y tipo de discapacidad y asignarles compañeros mentores con antecedentes similares.

Los mentores comparten experiencias personales de éxito, historias motivadoras y orientación con sus alumnos. Además, este tipo de programas también ofrecen a los niños la oportunidad de compartir abiertamente sus preocupaciones o retos con un compañero afín que puede empatizar y relacionarse.

5. Utilizar múltiples modos de entrega

Por último, es importante tener en cuenta que todos aprendemos de forma diferente. Por lo tanto, algunos estudiantes aprenderán mejor leyendo, otros aprenderán a través de conferencias o vídeos, y otros aprenderán a través de experiencias prácticas y táctiles.

Siempre que pueda, intente ofrecer contenidos en distintos medios para que los estudiantes tengan la oportunidad de aprender a través del medio que más les convenga, ayudándoles así a disfrutar de más experiencias de dominio a medida que tienen éxito en sus estudios.

2 hojas de trabajo diseñadas para aumentar la autoeficacia

Psicología positiva en la escuela y la educaciónLas hojas de ejercicios pueden ser una buena forma de aumentar la autoeficacia. Hemos encontrado estas dos hojas de ejercicios que pueden ser muy útiles.

1. La evaluación Who I Am

La evaluación Who I Am es una sencilla hoja de trabajo de una página que aumenta el autoconocimiento.

Rellenando las distintas secciones de la hoja de ejercicios, descubrirás más sobre quién eres en los ámbitos del trabajo, los estudios, las aficiones, etc.

Al hacerlo, comprenderá mejor cuáles son sus puntos fuertes y sus intereses, lo que le servirá para poner de relieve sus fuentes personales de autoeficacia.

2. Hoja de ejercicios de autoeficacia por Alexandra Franzen

Esta hoja de ejercicios te anima a explorar una serie de cuestiones sobre quién eres y cómo te relacionas con tus pasiones y con los demás en el mundo a través de una serie de diez preguntas.

Estas preguntas le ayudarán a conocerse mejor y a descubrir por qué es importante el trabajo que hace, sus manías ocultas e incluso su alias secreto en una reflexión positiva y edificante sobre las fuentes de autoeficacia.

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3 Escalas de autoeficacia

Comprender el nivel actual de autoeficacia de un cliente puede ser uno de los primeros pasos que hay que dar. A continuación sugerimos tres escalas a tener en cuenta.

1. Escala de autoeficacia para el ejercicio (SEE)

La Escala SEE es una sencilla medida de autoinforme que indica la autoeficacia de los participantes. La prueba consta de nueve afirmaciones que reflejan su bienestar mental, y las respuestas se clasifican en una escala de 10 puntos. Puntuaciones más altas en la prueba implican una mayor autoeficacia, y la prueba es aplicable a un amplio espectro de la población.

2. Hoja de ejercicios de autoeficacia de McAuley

Este ejercicio se publicó por primera vez en el Journal of Behavioral Medicine en 1993 y se viene utilizando desde entonces. Los ítems de la prueba exploran prácticas cotidianas (como hacer ejercicio), y los participantes responden a ellas según la confianza que les inspira practicarlas.

3. Escala de autoeficacia de Neupert, Lachman y Whitbourne

Esta escala es una adaptación del Modelo de Autoeficacia de Albert Bandura y contiene preguntas sobre el ejercicio diario. Las respuestas se registran en una escala de Likert que va de 1 (Muy seguro) a 4 (Nada seguro), y una puntuación más alta indica una mayor autoeficacia en el participante.

Un mensaje para llevar a casa

Si algo nos ha enseñado el trabajo de Bandura sobre la autoeficacia es que creer en uno mismo es la mitad de la batalla. Y es que cuando creemos en nosotros mismos y en nuestras capacidades, estamos más motivados para invertir un esfuerzo sostenido en la consecución de nuestros objetivos.

Esperamos que este artículo le haya dado algunas ideas sobre cómo reforzar su propia autoeficacia en el trabajo, en sus estudios y en todo lo demás. Y lo que quizá sea aún más importante, ahora ya sabes lo fácil que es potenciar la autoeficacia de los demás.

Así, la próxima vez que alguien en tu vida diga: "No creo que pueda hacerlo", ya sabes el poder que unas simples palabras de afirmación pueden tener en su autoestima.

Así que hágaselo saber: ¡ Lo tienes!

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Preguntas más frecuentes

Para aumentar la autoeficacia, establezca objetivos alcanzables, divida las tareas en pasos más pequeños, visualice el éxito, busque modelos positivos y practique la autoconversación positiva. Estas estrategias pueden aumentar su confianza y su rendimiento.

Observar a modelos que triunfan en áreas a las que aspiras puede aumentar tu confianza. Ver a alguien similar a ti alcanzar un objetivo puede hacerte creer que tú también puedes hacerlo.

Hablarse a uno mismo en positivo ayuda a sustituir la duda por la confianza. Los pensamientos alentadores pueden aumentar su confianza en sus capacidades y mejorar su rendimiento.

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Comentarios

La opinión de nuestros lectores

  1. Harper Agee

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